CRÍTICAS

Teatro Cervantes
Verdi  RIGOLETTO
Fabián Lara, Damián del Castillo, Olena Sloia, Christian Díaz, Sandra Ferrández, Manuel Más.
Dirección: Salvador Vázquez. Dirección de escena: Ignacio García. 20 de mayo de 2018.
 
Damián del Castilló protagonizó Rigoletto en Málaga © Teatro Cervantes / Daniel Pérez 
Enfrentado con la realidad mundana y descarnada en la que habita Rigoletto, Verdi presenta deshumanizado y grotesco a su héroe. Realidad que finalmente lo arrastra hacia el mismo abismo moral. Ese fue el reto interpretativo del barítono Damián del Castillo y, en el otro extremo, de Fabián Lara como Duque de Mantua, particular Don Juan que transmuta el registro a tenor dramático en un juego de continuos contrastes psicológicos. En el centro la inesperada Olena Sloia como Gilda y en su opuesto la Maddalena de Sandra Ferrández. Fue este un Rigoletto de claroscuros, en el que se focalizaba la atención en los protagonistas del drama siguiendo las pautas de Ignacio García con una escenografía de Alejandro Contreras. La producción es sencillamente desafortunada, sin movimiento alguno ni cambios escénicos que ayuden al espectador a seguir el hilo argumental. A pesar de todo, la propia idea como metáfora parece valiente y hubiera sugerido un vestuario más actual en coherencia al aparato escénico y no ese eclecticismo en mitad de ninguna parte.
Salvador Vázquez asumió la dirección musical, ofreciendo una lectura densa sin exageraciones y modulando la Filarmónica de Málaga al carácter del elenco. El maestro, consciente del reto –y sin la presión de lidiar en coliseo propio–, hiló fino número a número, destacando los contrastes con inclinación sostenida. También el director malagueño, como titular del Coro de Ópera de Málaga, cuidó hasta el extremo la selección de voces para esta última producción de la Temporada Lírica. El resultado no fue otro que un conjunto solvente, bien empastado de emisión redonda.
Damián del Castillo –quien encarnó el rol de Guglielmo en el Così de marzo pasado– atacaba por segunda vez el papel del bufón verdiano con la natural expectación del público, que le ha visto crecer como cantante. No defraudó y desde “Quel vecchio maledivami” ya anunciaba un Rigoletto de antología. Si al barítono andaluz se une la coloratura de ensueño de la ucraniana Olena Sloia el resultado es una pareja de auténtica referencia. La soprano fue de más a mejor hasta llegar a un luminoso cuarteto del tercer acto. Por su parte, el tenor mexicano Fabián Lara anduvo oscilante; a pesar de tener unos agudos definidos, no puede confiar la resolución de un aria a este aspecto, y precisa un mayor apoyo en el registro medio que lo puede encumbrar en lo más alto de la lírica actual. La mezzo Sandra Ferrández encarnó a una Maddalena convincente en lo actoral y destacada en el capítulo canoro; la suya es una voz elegante, plena de matices, que rivalizó en lo artístico con la Gilda de Sloia.
Interesante el registro del bajo Christian Díaz como Sparafucile y la inmensa –a pesar de la brevedad del papel– Giovanna encarnada por la soprano malagueña Lourdes Benítez, que posee una emisión generosa y luminosa.  * Alejandro FERNÁNDEZ