CRÍTICAS

Opéra de Lausanne
Rossini LA DONNA DEL LAGO
Lena Belkina, Max Emanuel Cencic, Daniel Behle, Juan Francisco Gatell, Daniel Golossov, Delphine Gillot, Tristan Blanchet, Aurélien, Reymond-Moret. Dirección: George Petrou. Dirección de escena: Max Emanuel Cencic. 29 de abril de 2018.
 
Max Emanuel Cencic cantó y montó La donna del lago en Lausana © Opéra de Lausanne / Alan Humerose 
 
Subió al escenario de la Ópera de Lausana esta brillante aunque raramente representada ópera de Rossini, basada en el poema de Walter Scott y que sitúa la acción en el marco del Loch Katrine escocés y las disputas de los Highlanders, en un paraje romántico, como marcaban los cánones, rodeado de trifulcas amorosas, matrimonios pactados de conveniencia, pero con final feliz. El todoterreno contratenor Max Emmanuel Cencic participó en esta producción en una doble –y casi triple– vertiente: la de director de escena y la de contratenor, estrenando a su antojo una versión de esta tesitura para el rol del amante Malcolm.
Como regista, el concepto bien logrado de Cencic fue el de trasladar la acción a un teatro dentro del teatro, en el que el público encuentra una Emma Bovary leyendo melancólicamente la historia de Elena, en la que ella se ve mimetizada. Atrapada en la decadencia del mundo pequeño burgués, aspira al libertinaje y excesos de ese otro mundo de la novela, en el que la protagonista finalmente se ve feliz al lado de su amado Malcolm y con su padre perdonado. Pero en el mundo real de esta Bovary creada por Cencic –se entiende en el rondó final– la protagonista vivirá atrapada en el matrimonio impuesto por la sociedad con Rodrigo, cuando en “su novela” este cae en combate. El director de escena se envuelve de este guiño, que de hecho encuentra su puente en la Lucia también de Scott y que tanto impacto causaría en la Bovary de Flaubert.
 
La dirección musical a cargo de George Petrou estuvo en todo momento pendiente de las directrices de Cencic, tanto para lo escénico como para el cuidado y lucimiento musical del cantante. El director griego marcó unos tempi poco rossinianos y un juego de dinámicas algo plano, hecho que restó algo de brillantez al conjunto. Cencic fue, así, el auténtico protagonista de la velada y, si bien jugó sus cartas para ello, lo cierto es que su instrumento es de un color muy homogéneo y de belleza casi plástica. La proyección es magnífica y está dotado de una exquisita musicalidad y una privilegiada técnica, como demostró en “Ah, si pera, ormai la norte”. Su sonoro éxito no fue para nada gratuito y resultó un total acierto destapar esta versión de contratenor.
A su lado la Elena de Lena Belkina, fue todo un descubrimiento. A pesar de algunas estridencias en el registro agudo y alguna momentánea falta de control en la afinación, en general hizo gala de un buen control técnico y de cierta intuición musical. No defraudó para nada en el célebre rondó final “Tanti affetti in tal momento”, que resolvió con soltura y entrega. Gustó mucho el Giacomo V (Uberto) de Daniel Behle, que hizo una muy solvente prestación e hizo gala de un instrumento timbrado de brillante agudo, aunque de fraseo poco pulido. Por su parte, Juan Francisco Gatell no terminó de convencer en el difícil rol de Rodrigo, con agudos extremos al borde de la estridencia, zona grave inaudible y con algunos problemas de afinación y proyección que fueron patentes durante casi todas sus intervenciones, pero sobre todo en la comprometida cavatina “Eccomi a voi”. Muy bien la Albina de Delphine Gillot y correctamente solventes Daniel Golossov (Duglas), Tristan Blanchet (Serrano) y Aurièliene Reymond-Moret (Bertram).  * Albert GARRIGA