CRÍTICAS

Associació d’Amics de l’Òpera de Sabadell
Mascagni CAVALLERIA RUSTICANA / Leoncavallo. PAGLIACCI
Eugènia Montenegro, Enrique Ferrer, Toni Marsol, María Luisa Corbacho, Mariya Melnychyn; Svetla Krasteva, Enrique Ferrer, Toni Marsol, Joan Garcia Gomà, César Cortés, Xavier Casademont, Ignacio Guzmán. Dirección: Santiago Serrate. Dirección de escena: Miquel Gorriz. Teatre La Faràndula,  27 de abril de 2018.
 
Cavalleria rusticana y Pagliacci pusieron fin a la temporada 2017-18 en Sabadell © AAOS / Xavier Gondolbeu 
De nuevo los dos títulos más emblemáticos del evangelio verista se daban cita en Sabadell –y en nada menos que en otros ocho puntos de la geografía catalana en el marco del ciclo Òpera a Catalunya– en otro alarde de una AAOS que, una vez más, consiguió sortear las dificultades económicas de unos tiempos nada fáciles para ofrecer este doble programa con plenas garantías. Miquel Gorriz aprovechó la estructura escenográfica única de Pau Monterde, una plaza de pueblo con iglesia, para pasar de Cavalleria a Pagliacci con el único aditamento de unos carteles de cine y un tablado para sostener la acción teatral, e ilustró el intermedio de la obra de Leoncavallo con la inquietante presencia de un clown que con sus ademanes desmayados fue todo un trasunto del mensaje ya enviado desde el Prólogo. Las acotaciones escénicas fueron en todo caso respetadas y los movimientos corales, aunque un tanto repetitivos, añadieron variedad al cocido.
Santiago Serrate, por su parte, obtuvo de la Simfònica del Vallès un rendimiento excepcional y su agógica fue irreprensible. Abrió un pequeño corte en la introducción coral de Cavalleria, aunque no siguió el mismo criterio en la de Pagliacci. Autorizó, en cambio, la supresión por parte del barítono de las puntature del remate del Prólogo, aunque para rubricar el rigor filológico hubiera podido dejar al mismo intérprete la frase final de la obra, de la que siempre se ha apropiado Canio.
En ambas obras derrochó majeza vocal el tenor madrileño Enrique Ferrer, de emisión franca y adecuado volumen en todo momento, y si el fraseo no siempre tuvo el refinamiento que incluso en un personaje de esta extracción es exigible, la generosidad y firmeza de su registro agudo pudo con todo. Eugènia Montenegro fue una Santuzza muy bien medida y, si en algún momento la entonación pareció algo trabajosa, la calidad de la voz y la valentía de la intérprete garantizaron en su caso la veracidad del acento. En Pagliacci Svetla Krasteva, que alternaba el papel de Nedda con Montserrat Martí, estuvo musical y dramáticamente atenta aun con algún ataque insuficientemente apoyado. Toni Marsol, en un magnífico momento vocal, fue un Alfio de insólita prestancia –¡lástima que una frusta de juguete no le ayudara en su  primera intervención!–  y un gran Tonio en Pagliacci, merecidamente ovacionado en el Prólogo. Joan Garcia Gomà mostró una voz de notable belleza como Silvio, susceptible aún de una mayor comodidad en el registro superior, y César Cortés cantó muy bien la serenata de Arlequín. Contribuyeron en la pieza de Mascagni al buen nivel general la Lola de Mariya Melnychyn y la Mamma Lucia de María Luisa Corbacho, que sería Santuzza en la última de las funciones programadas en Sabadell. Salió también a recoger los aplausos del público la responsable del grito final de la obra, pero su nombre no se hizo constar en los créditos del programa de sala. En Pagliacci completaron correctamente el reparto Xavier Casademont e Ignacio Guzmán. Entusiasta reacción del público al final, como merecida recompensa al nivel ofrecido.  * Marcelo Cervelló