CRÍTICAS

Metropolitan Opera
Puccini TURANDOT
Martina Serafin, Marcelo Álvarez, Guanqun Yu / Hei-Kyung Hong, Alexander Tsymbalyuk. Dirección: Marco Armiliato. Dirección de escena: Franco Zeffirelli. 31 de marzo y 5 de abril de 2018.
 
Marcelo Álvarez, caracterizado como Calaf en Nueva York © Metropolitan Opera / Marty Sohl 
 
La popular y espectacular producción de Franco Zeffirelli regresó una vez más en todo su esplendor en una de sus habituales reposiciones –ya se cuentan 160 funciones desde su estreno en 1987– con un exitoso elenco que supo disfrutar del espíritu festivo de las representaciones con una actuación equilibrada y de alto nivel vocal y musical. Martina Serafin presentó por primera vez en el Met su interpretación de Turandot con su potente voz de soprano de variado timbre y destacó los diversos estados de ánimo del personaje con una actuación particularmente convincente, especialmente en la grandiosidad zeffirellinesca. Como su antagonista femenina, Guanqun Yu fue una Liù más modernamente fuerte que sumisa esclava oriental, con un voluminoso instrumento de atractivo timbre que, sin embargo, nunca llegó al límite de expresión. Sí que lo consiguió Hei-Kyung Hong en el reparto alternativo con su exquisita voz y vulnerable presencia escénica; deslumbró con su uso inigualable de la messa di voce y pianissimi de infinita conmoción. Alexander Tsymbalyuk fue el más completo Timur en temporadas con un seguro y potente instrumento de expresivo fraseo. Pero el gran triunfador de la velada fue Marcelo Álvarez, revelación de la función con una romántica presencia física como Calaf; con su voz rejuvenecida, de elocuente musicalidad, no solo conquistó a Turandot sino también a todos los presentes en la sala con un emotivo “Nessun dorma” entusiásticamente ovacionado. Ping, Pang y Pong conectaron con el público en las interpretaciones de Alexei Lavrov, Tony Stevenson y Eduardo Valdez, mientras que Ronald Naldi, como en todas sus actuaciones, se mostró como un milagro de longevidad vocal en el papel del emperador Altoum.
La incomparable producción de Zeffirelli reúne sobre el escenario hasta unas 200 almas entre los solistas, los miembros del coro, extras, bailarines y acróbatas. Esa espectacularidad, unida a la increíble sonoridad de la orquesta, creó una sinergia de magnitudes espirituales. Todo se desarrolló bajo la batuta experta y estilizada de Marco Armiliato. Es este uno de los pocos montajes en las que todavía los solistas salen a saludar frente al telón tanto al final de cada acto como al término de la función; el público siempre respondió con aplausos, que se convirtieron en ovaciones en el saludo final.  * Eduardo BRANDENBURGER