CRÍTICAS

Nápoles propuso la producción de Martin Kusej de Lady Macbeth del distrito de Mtsensk © Teatro San Carlo 
 
Teatro San Carlo
Shostakovich LADY MACBETH DEL DISTRITO DE MTSENSK
Elena Mikhailenko, Carole Wilson, Julia Gertseva, Ladislav Elgr, Ludovit Ludha, Dmitry Ulyanov, Vladimir Vaneev. Dirección: Juraj Valcuha. Dirección de escena: Martin Kusej. 18 de abril de 2018.
 
Este montaje, estrenado en Ámsterdam en 2006 y posteriormente repuesto en París y en Madrid, impresiona aún hoy. La dirección escénica de Martin Kusej lleva hasta el paroxismo la ininterrumpida tensión dramática de esta Lady Macbeth del distrito de Mtsensk. Para el regista  cuanto ocurre en esta ópera está ocasionado por el sexo, que en el sórdido mundo que rodea a Katerina, la protagonista, no es erotismo sino sometimiento y violencia: las groseras bromas de los criados a la cocinera son un verdadero estupro y no resulta menos violento el abrazo  entre Katerina y Sergei. Kusej insiste una y otra vez en esta tecla, incluyendo escenas de sexo y desnudos incluso en momentos en que no son necesarios, como el de los policías en el cuartel –en realidad llevan ropa interior de color carne–, los invitados borrachos que mean durante la ceremonia o  los deportados desnudos o semidesnudos durante el viaje a Siberia. Daba la impresión de que el director de escena austríaco no tiene otro modo de mantener alta la temperatura teatral, que, efectivamente, así resulta incandescente. Al final, con todo, se tuvo la sensación de que faltaba algo, porque para Shostakovich la sociedad, la familia y el dinero tienen tanta importancia como el sexo y por ello describe tan cruda y desesperadamente la ferocidad de un mundo de mercaderes, campesinos y siervos.
La dirección de Juraj Valcuha, contrariamente a lo que ocurrió con la dirección escénica, no omitió ningún aspecto de la música de Shostakovich, que alterna ironía y dramatismo, vulgaridad y refinamiento. Sin lugar a dudas los momentos de mayor efecto fueron los que juegan con esa insoportable violencia sonora que llevó a Stalin a definirla como “caos y no música”. La orquesta del San Carlo le siguió espléndidamente, al igual que hizo el coro, reforzado con algunos elementos del Teatro Mariinsky de San Petersburgo.
Elena Mikhailenko afrontó la tremenda tesitura de la protagonista sin acusar fatiga alguna y ofreció un convincente retrato de Katerina, la protagonista, víctima y verdugo al mismo tiempo. Su suegro, más un despiadado padrone que un  padre, fue interpretado de forma magnífica por Dmitry Ulianov. Ludovit Ludha aportó corrección, y si escénica y vocalmente quedaba un tanto pálido, así es en realidad como debe ser el marido de Katerina. Sergei, el vanidoso e inconstante amante, encontró en Ladislav Elgr la voz y el físico pertinentes. Muy bien todos los intérpretes de los  personajes de compromiso menor, con matices de excepcionalidad en Carol Wilson, impresionante por el realismo de su canto y su interpretación en la escena del estupro de la cocinera. El veterano Vladimir Vaneev confirmó que aún puede figurar en el censo de los mejores cantantes rusos en el papel del viejo deportado, que tiene uno de los escasos momentos líricos y cantables de la ópera. Julia Gertseva prestó voz y belleza física a la nueva amante de Sergei. * Mauro MARIANI