CRÍTICAS

Theater Basel
Rossini LA CENERENTOLA 
Vasilisa Berzhanskaya, Juan José León, Vittorio Prato, Tassos Apostolou, Andrew Murphy, Sarah Brady, Anastasia Bickel. Dirección: Daniele Squeo. Dirección de escena: Antonio Latella. 2 de abril de 2018.
 
La Cenerentola, en Basilea © Theater Basel / Priska Ketterer
 
La nueva producción de La Cenerentola en Basilea firmada por Antonio Latella tuvo como eje relator el apego a los juegos de infancia de una pueril Angelina, quien no quiere abandonar un mundo en el que imperaban las muñecas de trapo y en el que era tremendamente feliz y no tenía que aguantar a las insufribles hermanastras o al sociópata de su padrastro. En ese anhelo de Angelina, los personajes también tienen su homólogo en un gigantesco muñeco de trapo y en medio del escenario aparece como protagonista un también gigantesco ramo de flores que va marchitándose a medida que la joven se da cuenta de la realidad, de la miseria humana, a la vez que abandona los juegos de los muñecos de trapo. La confusión sexual, protagonizada por Dandini y Don Ramiro, muy enamorados, da lugar también a un juego adolescente, en el que el primero sentirá celos de Angelina y el segundo no sabrá muy bien cómo jugarlo. El inevitable lieto fine irá más allá del ya conocido y tendrá como escenario un, literal, nido de amor, en el que también participará Dandini, en una versión alocada de trío de hecho en un intento de reivindicar nuevos formatos de familia, no exento de comicidad. 
Daniele Squeo al frente de la orquesta de Basilea, supo sostener el ritmo del de Pésaro, manteniendo la teatralidad, así como cuidando el fraseo al mínimo detalle. Si bien la suya no fue una versión antológica, Squeo sí consiguió sacar a flote los cromatismos rossinianos a la vez que llevar a buen puerto los difíciles momentos corales. 
Debutaba en el rol la jovencísima mezzosoprano rusa Vasilisa Berzhanskaya, quien, a pesar de alguna tirantez y algún desajuste en la coloratura –que supo resolver de manera eficaz–, dibujó una Angelina  muy sólida y de prometedora trayectoria. Ya desde la escena “Una volta c’era un re” dejaría constancia de la calidad de su instrumento, muy homogéneo, pasando por el dúo con el tenor, para culminar con el brillante rondó final “Nacqui all’affanno”. El también joven tenor Juan José León cumplió también muy bien con el dificilísimo rol de Don Ramiro. El cantante norteamericano, quien cantaría el mismo papel en la comprometida plaza de La Bastille parisina, posee una voz de cierta carnosidad y belleza, además de una sólida técnica. Sin embargo, una musicalidad algo plana desdibujó su interpretación, más centrada en trompetear los agudos de “Si, ritrovarla io giuro” que en mantener la línea de canto. Sin lugar a duda, el cantante más rossiniano de todo el elenco fue el italiano Vittorio Prato (Dandini), con una depurada línea de canto, fraseo impecable y sólida técnica. El suyo es un Rossini de muchísima calidad y dejó constancia de ello en la difícil cavatina “Come un’ape ne’ giorni d’aprile”, que atacó con sobrada solidez y seguridad. El Alidoro del bajo griego Tassos Apostolou pecó de cierto engolamiento, que afeó una prestación en general aceptable. Andrew Murphy fue claramente un insuficiente Don Magnifico; a pesar de apoyarse en sus capacidades cómicas, pasó muchas dificultades para llevar a buen puerto “Sia qualunque delle figlie”. Bien resueltas las hermanastras interpretadas por Sarah Brady (Clorinda) y Anastasia Bickel (Tisbe), con voces de calidad y sólida prestación.  * Albert GARRIGA