CRÍTICAS

Palau de la Música Catalana
Concierto Bryn TERFEL 
Obras de Verdi, Boito, Wagner y otros. Bryn Terfel, bajo-barítono. O. Fundaçao Gulbenkian. Orfeó Català (Dirección: S. Halsey). Cor Jove de l’Orfeó Català. (Dirección: E. Nabona). Dirección: Gareth Jones. 6 de abril de 2018.
 
Hacía demasiado tiempo que el bajo-barítono galés Bryn Terfel no actuaba en Barcelona, por lo que su actuación al lado de la orquesta de la Fundaçao Gulbenkian de Lisboa dirigida por maestro Gareth Jones se transformó en un acontecimiento lírico contando además con la participación del Orfeó Català y de su Cor Jove. El concierto estuvo dedicado a la memoria de la que fuera presidenta y fundadora del Festival Castell de Peraldad, Carmen Mateu de Suqué, fallecida en enero y colaboradora también de las actividades del Palau. En Peralada, recordaba Terfel en el concierto, él debutó en España en 1990 y allí cantó la primera ópera fuera de su país.
El sabroso programa, con una primera parte centrada en la ópera para dejar los últimos números centrados en el musical, contó con la batuta entusiasta del maestro Jones, dando caña sonora sin tener muy en cuenta las dimensiones del equipo que lideraba, por lo que la amplia voz de Terfel en más de algún momento fue fagocitada por la masa coral e instrumental. En todo caso, se lució el Orfeó en el coro de los Peregrinos del Tannhäuser wagneriano aunque el acento fue más de música sacra que de teatro, tónica común en todas sus intervenciones y especialmente evidente en el coro de los gitanos de Il Trovatore o en el de los esclavos de Nabucco.
Terfel brilló en cada una de sus intervenciones, encantando y conquistando por su simpatía de comunicador nato, por sus posibilidades vocales y por su pasión dramática, ya que cada escena interpretada estuvo acompañada de una pequeña escenificación. A modo de ejemplo, la escena de la muerte de Boris Godunov la cantó de rodillas... En el final de Die Walküre propuso un Wotan ideal, humano, perfecto. Su Mefistófele del comienzo, algo hiperactivo y sin graves sólidos, sí tuvo la magia necesaria para perfilar adecuadamente el personaje, seguido de un Falstaff modélico en el que recurrió a una toalla bajo el chaleco para bordar al gordinflón de Shakespeare.
En el apartado dedicado al musical, Terfel emocionó con “Si yo fuera rico”, de El volinista en el tejado, pieza que despidió un concierto que dejó al público encantado con la arrolladora personalidad del cantante galés.  * Pablo MELÉNDEZ-HADDAD