Teatro de ll’Opera
Mascagni CAVALLERIA RUSTICANA / Leoncavallo PAGLIACCI
Anita Rachvelishvili, Alfred Kim, Gevorg Hakobyan, Anna Malavasi, Martina Belli; Carmela Remigio, Fabio Sartori, Gevorg Hakobyan, Matteo Falcier, Dionisios Sourbis. Dirección: Carlo Rizzi. Dirección de escena: Pippo Delbono. 5 de abril de 2018.
 
Pippo Delbono firmó la puesta en escena de Cavalleria rusticana y Pagliacci en Roma © Teatro dell’Opera
 
¡Hacía casi cincuenta años que Cavalleria rusticana y Pagliacci no se representaban juntas en Roma! Había algo de prevención en cuanto a la dirección escénica de Pippo Delbono, uno de los más conocidos representantes del teatro de vanguardia en Italia, pero en este caso optó por no desmontar las óperas y se mostró muy respetuoso con la música. Hubo alguna que otra idea personal, quizá discutible, pero realizada en cualquier caso con un criterio nada agresivo. Antes de que comenzara el espectáculo el regista apareció en el proscenio para relatar algunos episodios de su vida relacionados con la Pascua y el mundo del circo y por tanto relacionados con las dos obras a representar, probablemente con la intención de estimular las emociones personales también en los espectadores y hacer que se identificaran en mayor medida con lo que iban a presenciar. También saldría a escena Delbono en plena representación para hacer indicaciones  sobre la disposición escénica o la interpretación, subrayando así no tanto el verismo como la ficción teatral.
Su Cavalleria rusticana tuvo la severidad de una tragedia griega. Eliminada toda referencia específica a Sicilia, la acción se desarrollaba en un paralelepípedo con paredes de rojo oscuro. El coro asistía casi inmóvil a la tragedia mientras los protagonistas utilizaban la gestualidad amplia y expresiva de los pueblos mediterráneos, aun apareciendo cerrados en ellos mismos y aislados unos de otros, porque en este drama no hay amor ni contacto entre los personajes. La ópera de Leoncavallo tenía lugar en el mismo espacio geométrico, pero la dirección escénica fue más movida y variada. Una vez más Delbono tomó como referencia la ficción teatral, con alusiones al teatro de Pirandello, a las marionetas y al circo.
Los dos repartos funcionaron muy bien. Anita Rachvelishvili, que debutaba la Santuzza, exhibió un timbre suntuoso, especialmente en el registro central, y dominó sin esfuerzo las amplias arcadas melódicas de Mascagni. El tenor coreano Alfred Kim (Turiddu) impuso una voz luminosa y mórbida, y al mismo tiempo tan potente como las de los italianos de tiempo atrás, siendo además óptima su dicción. Difícil sería imaginar una protagonista de Pagliacci más convincente que Carmela Remigio, cuyas dotes de actriz son equiparables a las que muestra como cantante. Fabio Sartori (Canio) puso su estupenda voz al servicio de una interpretación intensa y vibrante, sin las exageraciones que antaño formaban parte de la interpretación del verismo. En ambas óperas el barítono fue Gevorg Hakobyan, no exento de buenas condiciones vocales pero superficial como intérprete. Muy bien los encargados de los papeles de compromiso menor.
En Cavalleria la dirección de Carlo Rizzi fue escueta y esencial, lo que acabó redundando en la acentuación de la profundidad trágica de la obra. En Pagliacci fue más colorista y dinámica, poniendo en valor el pastiche operístico con el que Leoncavallo caracterizó hábilmente uno de los primeros ejemplos operísticos del teatro en el teatro.  * Mauro MARIANI