Théâtre du Capitole
Bizet CARMEN
Clémentine Margaine, Charles Castronovo, Dimitry Ivashchenko, Anaïs Constans, Charlotte Despaux, Marion Lebègue, Christian Tréguier, Anas Seguin, Olivier Grand, Luca Lombardo, Frank T’Hézan. Dirección: Andrea Molino. Dirección de escena: Jean-Louis Grinda. 6 de abril de 2018.
 
Clémentine Margaine y Charles Castronovo dieron vida a Carmen y Don José en Toulouse © Théâtre du Capitole / Patrice Nin
 
Alguien ha dicho que Carmen (1875) fue la madre de Mélisande (Claude Debussy, 1902) y de Louise (Gustave Charpentier, 1900), vale decir del simbolismo y del naturalismo lírico en Francia. Jean-Louis Grinda, probablemente de manera inconsciente, organizó su puesta en escena al servicio de esta idea. El trabajo teatral de los cantantes –vestidos por Rudy Sabounghi y Françoise Raybaud Pace al estilo del lugar y de la época de la acción– se orientó hacia el naturalismo, con expresiones y gestos bien apoyados. El marco en el que actuaban, creado por Rudy Sabounghi, estilizado al límite –el círculo de luz, los espacios torcidos, las proyecciones (Gabiel Grinda) del futuro arrepentido, etc.–, aportó la dimensión simbólica de la obra. En suma, Jean-Louis Grinda y su equipo realizaron un trabajo de síntesis riguroso y de alto vuelo, afrontando el gran peligro que representaba el tratar una obra tan conocida.
Desde el foso se respetó la variada partitura. Si todos y cada uno de sus atriles aportaron lo que debían, destacaron con mayor generosidad las maderas y los metales. Andrea Molino demostró ser un buen conocedor de la obra y no olvidó que se trataba de una música eminentemente francesa. Imitó con gran tino la manera española de interpretar la música, haciendo resaltar la jocosidad de la obertura, o también el misterioso duende en el patético anuncio de la muerte de Carmen. Trató sin embargo melodías, transiciones, y acompañamientos de los cantantes con la desenvoltura y la ligereza que demandaba la ejecución de la música francesa, en particular la de los inicios del siglo XX. El coro de la casa, reforzado por el infantil de la Maîtrise, bajo la dirección de Alfonso Caiani, demostró una gran capacidad musical y una no menor presencia.
También se lucieron los artistas en el escenario. Clémentine Margaine fue, sencillamente, Carmen. Christophe Ghristi, nuevo director artístico de la casa, fue el primero en hacerlo notar. Su interpretación dramática fue digna de una gran artista de teatro. Dotada de un timbre cálido, de una expresión algo oscura en los registros graves, proyectó con su sola voz olas de seducción que llegaron a la sala. Charles Castronovo (Don José) sorprendió por la perfección de su prosodia francesa; además supo adoptar expresiones muy contrastadas a lo largo de la velada, en conformidad con lo que pedía la evolución mental y de comportamiento del personaje. Dimitry Ivashchenko fue un Escamillo de potente y bella voz. Tal vez un poco tímido en sus movimientos, pues en sus idas y venidas no reflejó la actitud de un torero famoso. Anaïs Constans fue una Micaëla muy aplaudida, como lo es en general el personaje. Si bien ofreció frases de gran fineza y de valor emotivo, no pudo dominar por completo y en toda la longitud, su aria más esperada. El rol es muy complejo. Los demás comprimarios estuvieron a la altura.  * Jaume ESTAPÀ