Gran Teatre del Liceu
Giordano  ANDREA CHÉNIER
Julianna Di Giacomo, Jorge de León / Antonello Palombi, Michael Chioldi, Gemma Coma-Alabert, Elena Zaremba. Dirección: Pinchas Steinberg. Dirección de escena: David McVicar. 10 y 18 de marzo de 2018.
 
Jorge de León  y Julianna Di Giacomo encabezaron el segundo reparto de Andrea Chénier en Barcelona © Gran Teatre del Liceu / Antoni Bofill 
 
No era una empresa baladí recorrer un rastrojo que tenía aún muy reciente la recogida de una mies ubérrima en una cosecha de la que posiblemente se hablará durante mucho tiempo, pero la cuadrilla de espigadores era aguerrida y esta segunda formación para un Chénier poco menos que histórico hizo honor al compromiso contraído, protagonizando unas funciones que, de no ser por el impacto producido por el equipo titular, hubieran recibido una acogida mucho mejor de la que ya tuvieron. Jorge de León, que empezó a consolidar su fulgurante carrera precisamente con un Andrea Chénier en el Teatro Real, podrá no tener el fraseo aristocrático de los grandes representantes de su cuerda en el pasado, pero vocaliza bien, puede confiar plenamente en un registro agudo squillante de verdad y ofrece una sinceridad interpretativa que le hace mucho bien al personaje. Curiosamente, y dadas sus características, no brilló especialmente en “Sì, fui soldato”, con una emisión algo apretada, pero sí lo hizo en el “Improvviso” y sobre todo en un “Come un bel dì di maggio” perfectamente articulado. A su lado tenía la Maddalena de Julianna Di Giacomo, que hizo ostentación de una voz bellísima, bien administrada y segura en el agudo pese a algún ocasional asomo de estridencia. En su canto, siempre correcto, solo una cierta falta de pulsión dramática fue en detrimento de la perfección absoluta, pero su rendimiento artístico fue en todo caso impecable.
La agradable sorpresa de este cast vino de la mano del barítono norteamericano Michael Chioldi, una voz caudalosa y bien impostada, con una magnífica proyección en el forte y sonora en toda la extensión de la tesitura. Que ha escuchado con atención a alguno de sus ilustres compatriotas de la misma cuerda parece evidente, pero ello no altera la evidencia de que hay en su caso la promesa de una considerable carrera en el futuro. La ovación que recogió después de su “Nemico della patria” fue muy significativa al respecto.
Gemma Coma-Alabert, con su característico vibrato bien controlado, estuvo atenta y precisa en todas sus intervenciones como Bersi, marcando muy bien su mal disimulada satisfacción ante las noticias aportadas por el Abate, una idea del regista mucho más feliz que la de incidir una vez más en ese Fléville autor –y director, auxiliado por un Fiorinelli que acaba de ser presentado en la casa– de la pastoral en lugar de asistir meravigliato y scoppiando in pianto per la commozione al homenaje que con la misma de alguna manera se tributa a su obra literaria. Elena Zaremba fue una Madelon mezzosoprano y con voz, con lo que se salió ganando algo respecto del reparto inaugural.
En la función del día 18 hacía su presentación el tenor Antonello Palombi, que adquirió cierta notoriedad en su día al ocupar el puesto de Roberto Alagna en la Aida de La Scala. Sin una presencia escénica convincente –figura poco estilizada y bigotes poco probables para la época de la acción–, supo imponerse gracias a un registro agudo despejado y generoso, aun con una emisión no siempre homogénea.  * Marcelo CERVELLÓ