Teatro Municipale
Ponchielli LA GIOCONDA
Saioa Hernández, Francesco Meli, Sebastian Catana, Anna Maria Chiuri, Giacomo Prestia, Agostina Smimmero, Graziano Dallavalle, Nicolò Donini, Lorenzo Izzo, Simone Tansini. Dirección: Daniele Callegari. Dirección de escena: Federico Bertolani. 16 de marzo de 2018.
 
Saioa Hernández triunfó en Piacenza como Gioconda © Teatro Municipale / Roberto Ricci 
Una vez más la provincia, en este caso el Teatro Municipale de Piacenza –que tiene en Cristina Ferrari a su directora artística–, obtiene los puntos que les faltan a las grandes instituciones. Poner en escena La Gioconda, de la muerte de cuyo libretista, Arrigo Boito (Tobia Gorrio para Ponchielli), se cumple el centenario este año, representa un doble desafío. In primis por tratarse de una obra que requiere el máximo esfuerzo tanto musical como escénico, pero también porque hoy en día se trata con cierta conmiseración al autor de la música, bella y popular, como si esto último fuese un defecto. En Piacenza se hicieron bien las cosas para garantizar un éxito que sin duda se reproducirá en los demás teatros a los que esta producción llegue, el Luciano Pavarotti de Módena y el Romolo Valli de Reggio Emilia. El director de escena Federico Bertolani, que ya había visto la buena acogida en Piacenza de su acertadísimo Turco in Italia, optó por enfatizar el tema del agua que el ambiente veneciano sugiere. La escenografía llevaba la firma de Andrea Belli, el atractivo vestuario la de Valeria Donata Battella y el perfecto diseño de luces la de Fiammetta Baldiserri.
Se mostró en gran  forma la Orquesta Regional de la Emilia Romagna bajo la batuta de Daniele Callegari, todo un especialista en Ponchielli y concretamente en La Gioconda, ópera que lleva mucho tiempo dirigiendo, incluida una edición discográfica reciente con las fuerzas de la Metropolitan Opera neoyorquina. El maestro sabe extraer de esa música su contagioso melodismo y conseguir la meticulosa relación con la escena tanto en los complejos pasajes de conjunto  como en el sostén de las razones del canto.
El reparto daba la impresión de ser el de los grandes teatros. Exceptuando a Anna Maria Chiuri, una Laura extraordinaria que sigue sorprendiendo por la compostura del canto y la participación actoral, prácticamente todos los demás debutaban en sus respectivos papeles. Francesco Meli dio la imagen de un Enzo Grimaldo gallardo y soñador, con un “Cielo e mar” bien cincelado en el fraseo y en las dinámicas. Muy positiva la aportación del barítono rumano Sebastian Catana como Barnaba, y revestido de autoridad el Alvise Badoero de Giacomo Prestia. Gustó mucho también Agostina Smimmero, una contralto auténtica, en el rol de la Ciega.
Se ha dejado para el final  a la protagonista, la soprano española Saioa Hernández, pues por aquello de que nadie es profeta en su tierra parece que la tienen olvidada en su país natal. Posee una voz idónea para un personaje como el de la Gioconda, que toca los extremos del pentagrama para pasar del agudo emitido en pianissimo al gestionado con fuerza y que no se encuentra con facilidad. La madrileña seduce por la belleza del sonido, fluido, rico en armónicos y completo en toda la gama, así como por la madurez del fraseo y el acento dramático, con los que sabe encarnar el trágico destino de un personaje que incluso a las puertas de la muerte sabe encontrar las fuerzas para el canto de coloratura. Brava! como se diría en italiano. No; mucho más. * Andrea MERLI