CRÍTICAS

Opéra National du Rhin
Toshiro Mayuzumi KINKAKUJI (EL TEMPLO DEL PABELLÓN DE ORO)
Simon Bailey, Dominic Große, Paul Kaufmann, Yves Saelens, Michaela Schneider, Fumihiko Shimura, Fanny Lustaud, François Almuzara, Makiko Yoshime. Dirección: Paul Daniel. Dirección de escena: Amon Miyamoto. 24 de marzo de 2018.
 
Estrasburgo recuperó Le pavillon d’or en el marco del nuevo festival Arsmondo © Opéra national du Rhin / Klara Beck 
La Opéra National du Rhin inauguró Arsmondo, su nuevo festival multidisciplinario cuyo objetivo es presentar a artistas y obras de culturas extranjeras; para su primera edición, Japón ha sido el país invitado. Durante más de un mes el festival incluye diversos eventos culturales: conciertos de compositores nipones, conferencias, simposios, proyecciones de películas, cine mudo en concierto, encuentros sobre filosofía e historia, danza y actividades para el público joven.
La obra elegida para representar la creación operística japonesa es Kinkakuji (El Templo del Pabellón de Oro). Esta obra de Toshiro Mayuzumi (1929-1997), estrenada en 1976 por la Deutsche Oper de Berlín, se basa en la novela homónima del novelista japonés Yukio Mishima, la cual tiene un trasfondo histórico: el incendio del Templo del Pabellón de Oro de Kioto a cargo de un desequilibrado joven monje budista en 1950. Para su transposición operística, el compositor introdujo una serie de cambios a la historia de Mishima. De entre ellas la más llamativa es que la minusvalía del personaje principal, Mizoguchi, cambia de su tartamudez original a una simple deformidad en un brazo. Si el cambio se puede comprender por razones estrictamente musicales, la dificultad de Mizoguchi para conectar con sus semejantes, motor de la obra, perdió todo su sentido.
Para una obra estrenada en los años setenta del siglo pasado, la partitura de Mayuzumi es sorprendentemente tonal. Su estilo claramente occidental delata las variadas influencias musicales del compositor, como por ejemplo los toques jazzísticos para los pasajes en los que aparecen personajes americanos. El hecho de que el libreto esté escrito en la lengua de Goethe añade un punto de confusión cultural. De hecho, solo en ciertos pasajes –especialmente en las intervenciones del coro en japonés– se pudo apreciar un lenguaje musical más oriental. En resumen, una música ecléctica y un tanto convencional, lo cual no hubiera sido un problema si la trama hubiese tenido más interés, pero la errática historia de las obsesiones egocéntricas de Mizoguchi no levantó pasiones entre el respetable.  
Más allá de la minimalista pero efectiva puesta en escena de Amon Miyamoto, en el aspecto musical cabría destacar a un Simon Bailey expresivo y vocalmente incansable en el rol protagonista de Mizoguchi, así como la excelente dirección musical de Paul Daniel y las intervenciones de un coro de la casa erigido en protagonista por méritos propios.  * Francisco J. CABRERA