Staatsoper Unter den Linden 
Verdi FALSTAFF
 Michael Volle, Barbara Frittoli, Alfredo Daza, Nadine Sierra, Daniela Barcellona, Francesco Demuro, Katharina Kammerloher. Dirección: Daniel Barenboim. Dirección de escena: Mario Martone. 25 de marzo de 2018.
 
Michael Volle protagonizó un Falstaff peculiar en Berlín © Staatsoper Unter den Linden / Matthias Baus
 
Era de prever que algunas de las nuevas producciones de la temporada harían referencia al Mayo del 68, cuyo 50º aniversario se celebra este año: ¡Bingo! Berlín aporta el primer ejemplo con este montaje. Ha sido con un Falstaff, ópera de Verdi con la que la Staatoper inauguró su ya tradicional Festival de Pascua, dos semanas de conciertos, recitales y ópera entroncadas por derecho propio en el calendario cultural de la capital alemana. Firmó la puesta en escena de la última ópera del genial compositor italiano el regista Mario Martone, director de ópera y de cine que proyecta con John Falstaff la figura de un hippie de gustos burgueses, amante de la buena mesa y de la compañía entre las sábanas. Siempre dispuesto al placer culinario o erótico, este veterano pero vigoroso Falstaff vive en una comuna de okupas. Se trata de un edificio ruinoso cubierto de grafitis que evoca a uno de los clubes de perversión más famosos de la noche berlinesa.  “No a la guerra”, “Bienvenidos refugiados” rezan algunas de las consignas a las que recurre Martone para trazar un paralelismo entre el submundo del viejo Falstaff y el movimiento que se extendió como una mancha de aceite por el mundo con consignas de paz, amor y libertad. Tiene sentido que Falstaff, orgulloso de sus tatuajes y de su alopecia, atrapado en una forma de vida en la que solo hay cabida para el aquí y ahora, no sea un jubilado al uso.
Con Daniel Barenboim al frente de la Staatskapelle y la cinematográfica puesta en escena de  Martone, este Falstaff logró no hacerse cuesta arriba. No hay exceso de fatalismo porque la ópera, como decía Verdi, es “puramente cómica”. Motivos para la carcajada tampoco hay.  El retrato de la sociedad dividida que plasma el italiano con la ayuda de la ocurrente y pícara  escenografía de Margherita Pallu se queda, como las andanzas Falstaff, en el engaño.
Hubo varios debuts en la noche del estreno, empezando por Barenboim. Por sorprendente que resulte, el maestro argentino nunca había dirigido Falstaff, y tampoco el barítono Michael Volle contaba con este multifacético personaje en su repertorio. Corpulento y dinámico, muy cómodo en la farsa y sobrado de registro, Volle fue un Falstaff creíble. Demostró tener gran presencia escénica y vocal, pero no robó el show. Daniela Barcellona hizo gala de un hermoso timbre de mezzo, el tenor Francesco Demuro fue un Fenton muy seductor y Nadine Sierra, una Nanetta con timbre dulce  y joven, mientras que Katharina Kammerloher ofreció una  Meg Page muy coqueta que supo a poco en el escenario. La soprano Barbara Frittoli divirtió y sedujo al público en el papel de Alice Ford, aquí un tanto libidinosa, mientras que el barítono mexicano Alfredo Daza dio a Mr. Ford una hermosa y profunda resonancia. En términos generales, una producción recomendable.  * Cocó RODEMANN