The Royal Opera – Covent Garden
Verdi MACBETH
Zeljko Lucic, Ildebrando D’Arcangelo, Anna Netrebko, Konu Kim, Yusif Evyazov. Dirección: Antonio Pappano. Dirección de escena: Phyllida Lloyd. 28 de marzo de 2018.
 
Anna Netrebko brilló como Lady Macbeth en Londres © Royal Opera – Covent Garden
 
 
Una puesta en escena de nivel desigual, con excelentes detalles y otros menos conseguidos, sirvió de vehículo para la extraordinaria creación que aquí realizara de Anna Netrebko: su Lady lo tenía todo, desde un dramatismo desbordante a una personalidad casi simpática.  No se le podían quitar los ojos de encima. La voz está en un momento crucial e importante: esta Lady no escatima notas de pecho, que la Netrebko toma desde su registro medio; de vez en cuando afecta al color, pero en general convence por el peso vocal. La voz es oscura y sigue siendo aterciopelada. El agudo está intacto, con coloratura un poco menos fácil en “Vieni! t’afretta!”. En la escena del sonambulismo su Lady no buscó simpatía, filando el Re bemol con seguridad y control, pero cuando descolló dramáticamente fue en la escena del brindis culminando en un “Vergogna Signor” que hizo temblar.
En cambio Zeljko Lucic es un cantante más reservado, menos actor, pero lo compensó con una voz de timbre noble. Su carácter creció a medida que avanzaba la ópera y su gran escena luego de la muerte de su esposa, “Pietà, rispetto, amore”, tuvo todos los ingredientes dramáticos, mostrando a un hombre todavía valiente pero moralmente vencido. Lucic cantó con registro parejo y agudo fácil. Ildebrando d’Arcangelo fue un Banquo leal, un bajo de voz dúctil, fraseo y entrega perfectos; Konu Kim, un Malcolm entusiasta, y Yusif Evyazov  debutó con un triunfo como Macduff, cantando “Ah, la paterna mano” con intensidad y buena escuela. 
La producción contiene momentos espectaculares, como la aparición del Re Duncano, pero otros menos bien pensados. No es posible que las brujas predigan y también contribuyan a cumplir la predicción. Por su parte el coro cumplió con sonido amplio y generoso, si bien las brujas resultaron poco agitadas y la orquesta tocó como los dioses para Antonio Pappano, quien infundió  energía interna, fraseo elegante y atmósfera, aunque el uso de tiempos amplios provocó que la lectura no fuera incisiva. Una gran noche de ópera como no hay muchas estos días.  * Eduardo BENARROCH