CRÍTICAS

Palau de les Arts
Verdi IL CORSARO
Michael Fabiano, Evgeny Stavinsky, Kristina Mkhitaryan, Oksana Dyka, Vito Priante. Dirección: Fabio Biondi. Dirección de escena: Nicola Raab. 28 de marzo de 2018.
 
Fabio Biondi llevó la batuta en la representación de Il corsaro en Valencia © Palau de les Arts / Miguel Lorenzo / Mikel Ponce 
 
Les Arts presentaba esta rareza verdiana bajo el impulso de Fabio Biondi, uno de los dos titulares de la orquesta. Como declaró en una entrevista concedida a ÓPERA ACTUAL hace unos meses, está interesado en adentrarse en la ópera romántica y explorar la relación que entonces se establecía entre orquesta y voces. En ese sentido, colocó la orquesta entre el escenario y la sala de butacas, en vez de en el foso. La idea es establecer un diálogo más intenso con las voces. Es cierto que la sonoridad cambió y se acercaba un poco, en lo musical, a una versión de concierto. Por lo que respecta a la interpretación, el director impuso unos tempi vivos, lo que unido a cierta carencia en los matices dinámicos transmitió la sensación de premura, algo que no es un buen aliado en una de las óperas verdianas más breves. En la escena final, sin embargo, logró grandes momentos. Al igual que ocurrió el año pasado con Lucrezia Borgia, se echó en falta un trabajo crítico también en las voces.
La escena firmada por Nicola Raab fue contestada por un sector del público que abucheo la propuesta. No fue una reacción muy justa, pues la verdad es que el trabajo estaba bien construido; la idea es convertir a Corrado en el mismo Byron que, como poeta atormentado, domina la escena. Supone una cierta distancia con la trama original, pero no por ello deja de ser una idea inteligente, haciendo de esta ópera una especie de drama psicológico cuya trama, a veces, parece moverse en la mente de su autor. De ser una ópera más larga, tal vez la idea se agotase, pero dada su brevedad y teniendo en cuanta que este no es uno de los mejores trabajos de Piave, funciona bastante bien. Además, escénicamente tiene cuadros bellos con referencias a la pintura orientalista del XIX. 
Vocalmente el mayor interés estaba en la presencia de Michael Fabiano en el papel protagonista; el cantante estadounidense impresionó por sus medios vocales gracias al seductor timbre de tenor lírico-spinto con matices atractivos como ese mordente que aparece en ocasiones, por no mencionar la facilidad de proyección. Ahora bien, su enfoque pareció mejorable ante un papel en el que la impronta belcantista es evidente; su canto se escuchó a ratos con cierta falta de homogeneidad y el pasaje fue irregular, lo que mermó las garantías de la zona aguda que se solventó gracias a la calidad de su voz. No deja de ser curioso, pues cuando quiso, sí que ofreció media voz de calidad y frases bien articuladas (en el dúo con Medora del primer acto o en la frase “Ah ch’io viva” en el tercero). El registro dramático de Oksana Dyka no pareció la más idónea para Gulnara y ello le pasó factura en un papel que también demanda coloratura; su voz sonó dura, sin esmalte y con estridencias. Mucho mejor resultó la exquisita Medora de Kristina Mkhitaryan, que destacó por el lirismo de la línea y la facilidad para las filaturas. También convenció técnicamente el barítono Vito Priante como Seid con una interpretación de genuino sabor verdiano, obteniendo el máximo de la voz. Siempre hay que destacar el excelente nivel de los cuerpos estables del teatro, tanto la orquesta como el coro.  * César RUS