CRÍTICAS

Staatsoper
Händel ARIODANTE
Sarah Connolly, Christophe Dumaux, Chen Reiss, Hila Fahima, Rainer Trost, Wilhelm Schwinghammer, Benedikt Kobel. Dirección: William Christie. Dirección de escena: David McVicar. 8 de marzo de 2018.
 
Sarah Connolly dio vida a Ariodante en Viena © Staatsoper / Michael Pöhn
 
Esta primera ópera de Händel para el nuevo Teatro Real en el Covent Garden de Londres se basa en el Orlando furioso de Ariosto y es, después de Alcina, la segunda ópera de Händel en el repertorio de la Staatsoper desde que Herbert von Karajan presentara bajo su dirección un Julio César en alemán con Irmgard Seefried y Eberhard Waechter. Para este Ariodante se contrató al director franco-estadounidense William Christie, un reconocido especialista en música barroca, y al director de escena británico David McVicar, famoso por no actuar nunca en contra de la música o de los cantantes. Christie dirigía a su propia orquesta de Les Arts Florissants, con la que expuso de forma brillante la música de esta ópera, aunque no pudiera dotarla de contenido dramático, destacando más por la brillantez y el colorido de la música que por su acento teatral. En la época de Händel era admisible dejar el teatro para ir a cenar y volver cuando al público se le antojara, pero hoy no ocurre lo mismo y cuando una representación se hace excesivamente larga y falta la tensión la cosa puede volverse aburrida. Además, Christie insistió en ejecutar toda la música del ballet, lo que vino a agravar el problema, perdiéndose el efecto de la belleza musical por la falta de efecto dramático.
La disposición escénica en la escenografía historicista de Vicki Mortimer fue estética y agradable de ver pero acusó la ausencia de los cortes que se habían hecho en el pasado. La cosa mejoró en el segundo acto pero este Ariodante no podía competir con la producción salzburguesa del pasado año, de igual duración pero más vigorosa, lo que la hizo menos monótona (ver ÓPERA ACTUAL 204). La coreografía de Colm Seary no tuvo sentido alguno.
Todos los solistas estuvieron creíbles en sus roles respectivos. Sarah Connolly tuvo un buen debut en la casa, pero no llegó a resultar excitante, lo que sí consiguió el contratenor Christophe Dumaux, que también se presentaba aquí por vez primera con una voz excelente y buen efecto dramático. Chen Reiss (Ginevra) e Hila Fahima (Dalinda) mantuvieron el pabellón de la compañía a buena altura. La primera cantó de manera excelente un aria en el segundo acto y Fahima mostró una cierta estridencia en el registro agudo. Rainer Trost fue un Lurcanio estilísticamente correcto pero sin auténtico color tenoril, lo que incidió en una pálida prestación. El bajo alemán Wilhelm Schwinghammer, debutante en la casa como Rey de Escocia, y el tenor Benedikt Kobel (Odoardo) completaron adecuadamente el cuadro de solistas. El Gustav Mahler Chor que dirige Thomas Lang cantó bien desde el foso de la orquesta.
Un homenaje a Händel que en estos momentos no puede asegurarse vaya a tener una reposición en el futuro. Lo que sí es seguro es que después de esta quinta y última representación la obra se presentará en versión de concierto con solo un cambio en el reparto vocal en una gira que comprenderá París, Barcelona (Gran Teatre del Liceu), Madrid (Teatro Real) y Pamplona.  * Gerhard OTTINGER