CRÍTICAS

Teatro de La Maestranza
Händel RINALDO
Maite Beaumont, Jane Archibald, Sasha Cooke, Joélle Harvey, Jakub Józef Orlinski, Luca Pisaroni, Orwen Willets. The English Concert. Dirección: Harry Bicket. V. de concierto, 10 de marzo de 2018.
 
Intérpretes de Rinaldo en versión de concierto en el Maestranza © Femàs
 
El éxito de público de esta interpretación en concierto de Rinaldo de Händel debería servir como acicate para los responsables del Teatro de La Maestranza y volver así a plantear una ópera barroca escenificada en la temporada lírica, género que lleva años ausente del coliseo sevillano. Parece claro a estas alturas que, merced a la afición educada por la Orquesta Barroca de Sevilla (OBS), hay en esta ciudad una muy formada y nutrida devoción al Barroco. Gracias al Centro Nacional de Difusión Musical, The English Concert desembarcó en la capital hispalense planteando una versión, digase ya, soberbia de la obra händeliana. Cierto es que la ejecución estuvo huérfana del ímpetu y el arrebato del que hacen gala en este repertorio formaciones como la OBS y tantos otros grupos, fundamentalmente italianos, que entienden este repertorio desde un apasionamiento y una fiereza de contrastes que lo hacen mucho más atractivo al gran público.
La formación inglesa puso las cosas en su sitio. Su director, Harry Bicket, no resultó especialmente imaginativo y el bajo continuo sonó parco, puramente utilitario, sin ápice de fantasía e invención. Pero a veces las cosas también están bien así, dichas sin adornos, exponiendo la música con pulcritud, dejándola defenderse sola. Así, este Rinaldo –que pudo también disfrutarse al día siguiente en el Auditorio Nacional de Madrid– fue, ante todo, un espectáculo vocal y de exposición melódica. Los pletóricos y afinadísimos agudos de Jane Archibald tuvieron su cenit en el final del segundo acto (“Vo’ far guerra”), mientras que el momento más aguardado, “Lascia ch’io pianga”, lo resolvió la soprano Joélle Harvey con una voz de timbre sedoso y una emisión dulce no exenta de ciertas piruetas técnicas con las que impuso incluso más dificultad a su aria. Maite Beaumont defendió el rol de Rinaldo y, aunque su voz no sea especialmente grande, tuvo aplomo, personalidad y buen canto en un papel originalmente pensado para castrato. El contratenor polaco Jakub Józef Orlinski fue potente en las agilidades, mientras que el bajo Luca Pisaroni despeinó con su furioso “Sibillar gli angui d’Aletto”, algo envarado pero de torrencial y centrada emisión. Más corta se quedó Sasha Cooke, y Orwen Willets cumplió, quedándonos con ganas de volver a oírle.  * Ismael G. CABRAL