CRÍTICAS

Opéra de Dijon
Verdi SIMON BOCCANEGRA
Vittorio Vitelli, Keri Alkema, Luciano Batinic, Gialuca Terranova, Armando Noguera, Maurizio Lo Piccolo. Dirección: Roberto Rizzi-Brignoli. Dirección de escena: Philipp Himmelmann. 14 de marzo de 2018.
 
Detalle del Simon Boccanegra montado por Philipp Himmelmann © Opéra de Dijon / Gilles Abegg
 
Roberto Rizzi-Brignoli dirigió con mano maestra la orquesta de Dijon Bourgogne, transformándola, como es su costumbre, en su propia formación. Acompañó a los cantantes con paternal solicitud y brindó en la partes sinfónicas una versión de la música de Verdi que el propio compositor hubiese admirado. No hubo excesos de ira ni de dulzura, y si bien hubo la una y la otra, fue su interpretación templada.
No se dirá lo mismo de los cantantes, casi todos ellos jóvenes, que en algo transgredieron el romanticismo verdiano, transponiéndolo en puro verismo por mor de demostrar sus capacidades vocales –volumen, expresión, etc.–, que fueron muchas. Hubo, sin embargo, las excepciones de Luciano Batinic y Armando Noguera. El croata, ya no tan joven, interpretó a Jacopo Fiesco con gran tranquilidad, incluso en los momentos de tensión del prólogo. Su timbre elegante hizo translucir una gran bondad en el personaje que, si bien pudo parecer falsa al principio de la historia, se justificó totalmente al final. Noguera, por su parte, trabajó el personaje de Paolo Albiani hasta hacer de él la clave principal, el Yago, de la historia. Su presencia escénica, elegante, sin buscar protagonismo y su voz bien timbrada, regular sobre toda la tesitura, y que ya empieza a rozar con una prematura madurez, valieron unos merecidos aplausos.
Keri Alkema (Amelia Grimaldi) sorprendió por la fuerza de su interpretación lirico-spinto, que más tuvo de spinto que de lirico; dio de la niña perdida y hallada una versión sin dudas ni fallos, digna de una gran cantante. Gianluca Terranova fue un Gabriele Adorno enamorado, algo exaltado también, muy conforme con el personaje representado. Vitorio Vittelli demostró unas muy buenas disposiciones vocales para asumir el papel del dogo. Algo le traicionó su juventud: al inicio de la historia Simon Boccanegra ha vivido ya un importante pasado y transcurren luego 25 años  para llegar al primer acto… Completó el reparto Maurizio Lo Piccolo en el papel de Pietro.
Philipp Himmelmann aclaró que “los protagonistas son cautivos de un edificio laberíntico sin salidas, cuyas paredes se hallan en continuo movimiento, evocando así el mundo inestable de la política, los cambios de alianzas y la burocracia omnipresente. Todo ello tiende a ahogar nuestras sociedades en detrimento de las libertades fundamentales”. Una declaración del director de escena es siempre útil en estos casos. Su trabajo no fue bueno ni malo: fue político en el fondo y abstracto en la forma. En una escenografía de Etienne Pluss, con las paredes cambiantes anunciadas, representó el mar de forma muy acertada, de un cuadro que iba variando como puede hacerlo el mar, según las vicisitudes de la narración. Vistió a sus personajes (Kathi Maurer) con tejanos en su juventud y trajes oscuros luego y alejó cuanto pudo toda idea de solemnidad en el protocolo ducal. Curiosamente, y muy al contrario de la opción del legendario Giorgio Strehler, que incitaba entonces (1978) a sus actores a que se tocasen y se besasen en el escenario (una novedad entonces), Himmelmann los alejó siempre unos de otros tanto como pudo.  * Jaume ESTAPÀ