CRÍTICAS

Teatro Real
Händel ARIODANTE
Kate Lindsey, Chen Reiss, Hila Fahima, Christophe Dumaux, Rainer Trost, Wilhelm Schwinghammer, Anthony Gregory. Dirección: William Christie. 17 de marzo de 2018.
 
Tras dirigir Ariodante en Viena en versión escenificada, William Christie ofreció en días posteriores una versión en concierto en Barcelona, Madrid y Pamplona © Teatro Real / Javier del Real
 
Con Ariodante, Händel llega a su etapa final como compositor de ópera italiana en Londres. Tal vez por eso simplificó la trama, casi reducida al trío amoroso formado por Ariodante, Ginevra y Polinesso, con una segunda acción, muy sucinta, a cargo de Dalinda, traidora redimida, y Lurcanio, hermano del protagonista y empeñado en vengar su muerte. Llegó al Teatro Real en versión de concierto y como parte de una gira por otras dos ciudades españolas, aunque con movimientos de los cantantes y algunos cambios de vestuario. También se tomó la decisión –acertada en la opinión de quien esto firma, aunque no todo el mundo estuvo de acuerdo– de cortar muchos de los da capo y suprimir el ballet, tan hermoso. Aun así la función duró tres horas y media, que no se hicieron largas. Efectivamente, la obra es de una extraordinaria variedad en lo emocional, con arias de bravura, otras líricas, casi pastoriles, y otras de una intensidad dramática fuera de serie. Sigue siendo sorprendente que un género tan alejado de la sensibilidad moderna como es la opera seria funcione tan bien cuando se ajustan algunos detalles y la interpretación está a la altura, como ocurrió en esta velada.
La clave está, seguramente, en sacar a la luz la teatralidad de la obra, como hizo William Christie al frente de su conjunto Les Arts Florissants, que rindieron todo lo que se puede esperar de ellos, desde la dulzura de los violines, a los efectos de las trompas, pasando por el dramatismo de cellos y los colores melancólicos de oboes y fagotes. De por sí, todo un espectáculo.
El papel de Ariodante corrió a cargo de la mezzo norteamericana Kate Lindsay, a ratos más soprano que mezzo, y que tal vez por eso centró su complicadísima intervención en la belleza del sonido. Las dos arias más largas y comprometidas de la obra (“Scherza infida” y la apabullante “Dopo notte”) fueron entonadas con una exquisitez fuera de serie y una técnica perfecta: faltó algo de variedad y de emociones, sobre todo en la primera. Chen Reiss estuvo magnífica en Ginevra, con una voz limpia y clara, muy expresiva y potente. A la Dalinda de Hila Fahima, sin embargo, le falló un poco el registro más agudo, pero supo resolver un papel un poco pesado para ella con variedad y buen gusto.
Entre los caballeros destacó el bajo Wilhelm Schwinghammer, que dio al personaje del rey matices más oscuros y atractivos que los que tiene en la acción. Estupendo el contratenor Christophe Dumaux como el malvadísimo Polinesso, con variedad, suntuosidad expresiva y espectacularidad en el volumen y la intensidad, muy lejos del timbre metálico tan propio de su cuerda. Bien el Odoardo de Anthony Gregory y un poco tosco, aunque muy digno, Rainer Trost en el papel de Lurcanio. Gran éxito.  * José María MARCO