Opéra Comédie
Bizet CARMEN
Anaïk Morel, Robert Watson, Ruzan Mantashyan, Alexandre Duhamel, Khatouna Gadelia, Valentine Lemercier, Ivan Thirion, François Piolino, Jean-Vincent Blot, Philippe Estèphe. Dirección: Jean-Marie Zeitouni. Dirección de escena: Aik Karapetian. 22 de marzo de 2018
 
Montpellier programó una Carmen nada habitual en un montaje de Aik Karapetian © Opéra Comédie / Marc Ginot
 
El director de escena Aik Karapetian situó en el espacio sideral la truculenta historia de la gitana descocada y el soldado desertor. Como si fueran otros tantos avatares, Kristine Pasternaka vistió a Don José de Wotan, con su ojo tapado; a Carmen, de Virgen barroca; a Escamillo, de Manrico (con su coraza muy manchada de sangre humana), y a Micaëla, de la semidiosa Rusalka. Después los precipitó en un planeta –escenografía de A. J. Weissbard– de fuerte actividad volcánica a juzgar por la intensa humareda que cubrió el escenario durante los cuatro actos. Sin ninguna invención dramática, inmovilizó sistemáticamente los coros, y sus personajes se aburrían visiblemente en el escenario, sin saber qué hacer en sus disfraces improbables.
Mostró el director de escena al tiempo dos cosas: detestar la tauromaquia –transformó a Escamillo en un matarife cruel y sanguinario y eliminó totalmente el paseíllo en el cuarto acto– y también estar harto de ver una y otra vez Carmen en la forma canónica. Su opción, la de crear una historia totalmente distinta de la original, no era del todo ilógica en el mundo actual de la lírica, que toleraría situar, por ejemplo y sin mayor problema, Dialogues de carmélites en un lupanar. A condición de hacerlo bien: la historia creada debería tener en cuenta la música y la letra originales. Lo cual es muy difícil de obtener. En este caso, el libreto y también la música abofetearon sin cesar las situaciones dramáticas propuestas.
Tampoco el podio, liderado por Jean-Marie Zeitouni, dio por sentada la visión galáctica del cuento. Sonó la orquesta a charanga y pandereta: una verdadera españolada musical. Maderas y metales soplaron fuertemente, la percusión percutió de lo lindo. Admítase no obstante que Zeitouni respetó a los cantantes en toda ocasión, pero no logró matizar en ningún momento la música sutil y variopinta del joven Georges Bizet.
Anaïk Morel (Carmen) cantó con gran propiedad el primer acto pero ya a partir del segundo y sobre todo en los dos finales no alcanzó el grado dramático que le iban pidiendo la partitura y el personaje. Todo lo contrario sucedió a Robert Watson (Don José): vocalmente inexacto, incomprensible, casi inexistente en los primeros actos, brindó en cambio un cuarto acto de campanillas, digno de los mejores tenores. Ruzan Mantashyan (Micaela) hizo alarde de su bella voz en más de una ocasión. Timbre y color encuadraban el personaje a la perfección. Adoleció la soprano de fallos aleatorios, inesperados, solitarios –un grito por ahí, unas notas graves inaudibles por allá– que afearon su trabajo. Alexandre Duhamel (Escamillo) no creyó en su personaje de matador de hombres, sencillamente. Su interpretación, puramente mecánica, bastó sin embargo para obtener el beneplácito complaciente del público. De entre los comprimarios sobresalió la presencia y el canto potente, claro, justo de la soprano Khatouna Gadelia en Frasquita.
El coro femenino (Noëlle Gény) se lució a cada intervención, en el acto primero muy en particular.  * Jaume ESTAPÀ