CRÍTICAS

Teatre Principal
Mozart NOZZE DI FIGARO
Simón Orfila, María José Moreno, Ruth Iniesta, Clara Mouriz, Carlos Chauson, José Manuel Zapata, Maia Planas, Pablo López, Jorge Franco. Dirección: Yi-Chen Lin. Dirección de escena: José Luis Castro. 7 de marzo de 2018.
 
Palma inauguró su curso lírico de 2018 con Le nozze di Figaro © Teatre Principal / Elena Rotger
 
Después del Così fan tutte de la temporada pasada, llegó este año un segundo título de la trilogía Mozart-Da Ponte que deja intuir un Don Giovanni para el próximo curso en el Teatre Principal. Sea como fuere, este año el genio de Salzburgo se presentó con un espléndido reparto y en un envoltorio tradicional, sin sorpresas conceptuales, en el que la mano de Franca Squarciapino (vestuario) y Ezio Frigerio (escenografía) se hizo notar y fue elemento importante para la obtención del éxito escénico.
Simón Orfila es Figaro desde la primera nota, seguro en una línea elegante y con una pulcritud en el recitativo que, unido a un trabajo actoral sobresaliente, le valieron una gran acogida. El trío de mujeres estuvo muy en línea mozartiana, cada una de sus integrantes con sus momentos álgidos. Clara Mouriz, gran Rosina en este mismo escenario, fue un Cherubino vivaz y muy expresivo, con una línea vocal excelente aunque –por pedir que no quede– números como “Non so più” brillan más con un plus de ligereza. Ruth Iniesta compuso una Susanna muy coherente de principio a fin y aprovechó bien su gran momento, “Deh vieni, non tardar”, con una línea mozartiana interesante. Volvía después de unos años a pisar el escenario del coliseo mallorquín María José Moreno y se pudo disfrutar de nuevo de esa voz que proyecta múltiples cualidades como perfección en la línea, un control del fiato extraordinario y un canto extremadamente inteligente; es verdad que quizás en su primera aria, “Porgi, amor”, tardó un poco en entrar en el mundo mozartiano, pero su “Dove sono” fue claramente un prodigio de expresión: esa repetición en pianísimo es difícil de olvidar. Almaviva fue servido por un excelente Christian Senn.
Merece mención especial la actuación de Carlos Chausson: esa voz intacta con un don especial para el recitativo de gran expresión unida a un movimiento escénico de gran actor hacen de su participación como Don Bartolo la joya de la corona en esta velada. El resto del reparto redondeó con su buen hacer una función de gran calado. Maia Planas estuvo muy bien como Marcellina así como Pablo López fue un cómico Antonio, y cumplieron sin tacha también José Manuel Zapata y Jorge Franco en sus respectivos papeles de Don Basilio y Curzio.
El ballet, más voluntarioso que otra cosa, resultó simplemente prescindible. Yi-Chen Lin dirigió la orquesta de forma enérgica pero siempre atenta al cuidado de las voces y sacando un sonido muy brillante que, en alguna ocasión –muy pocas, afortunadamente–, pareció salirse de estilo y forma. La pequeña sección del coro cumplió su cometido de forma notable. La producción de José Luis Castro sigue todas las indicaciones del libreto con sus ideas propias –habitación de Figaro y Susanna en la buhardilla, vivienda de los Almaviva en piso inferior, etc.– con un magnífico vestuario, una iluminación eficaz y un movimiento de actores coherente es el envoltorio ideal para una función de primer nivel.  * Pere BUJOSA