CRÍTICAS

Palau de les Arts
Haydn IL MONDO DELLA LUNA
Vicent Romero, Olga Syniakova, César Méndez, Annya Pinto, Giorgia Rotolo, Nozomi Kato, Andrés Sulbarán.
Dirección: Jonathan Brandini. Dirección de escena: Emilio Sagi. 8 de marzo de 2018.
 
Miembros del Centre de Perfeccionament de Les Arts representaron Il mondo della luna © Palau de les Arts / Miguel Lorenzo 
Esta función del 8 de marzo comenzó con la incógnita de si se podría realizar o si las trabajadoras del Palau de Les Arts secundarían la huelga de mujeres convocada para ese día. Las dudas se despejaron cuando la Comisión de Igualdad del coliseo leyó un manifiesto en el que se agradecía el trabajo que día a día hacen en la casa y su compromiso para que la función de esa noche tuviese lugar.
Por segundo año consecutivo, tras el éxito de Philemon und Baucis, el Centre de Perfeccionament de Les Arts elegía la música de Haydn para demostrar el nivel alcanzado por sus alumnos, en este caso, la de su ópera más popular: Il mondo della luna. La producción de Emilio Sagi provenía de Bilbao y Montecarlo, un montaje complejo y dinámico que destaca, sobre todo, por las escenas en la luna situadas en una especie de discoteca-cabaret. El resultado es un espectáculo encantador, lleno de ritmo, que consigue conducir con excelente resultados la trama. Hubo que adaptar el escenario a las reducidas dimensiones de la sala Martín i Soler y el coro fue el encargado de interpretar también las partes que, originariamente, estaban pensadas para figurantes, dando muestra así de una gran versatilidad. Musicalmente, Jonathan Brandani condujo con delicadez y precisión a la orquesta, si bien hubo alguna eventual falta de entendimiento con los cantantes, algo que pudo deberse a que era la primera función. La orquesta sonó al buen nivel de siempre, si bien es cierto que al principio de la obertura faltó brillo y ligereza en los violines.
En cuanto al resultado vocal, dio la sensación de que no se había trabajado con el detenimiento de otras ocasiones, dando un resultado irregular según el cantante que se tratase. Vicent Romero (Ecclitico) se mostró cómodo en escena y cantó con solvente seguridad técnica, mientras que César Méndez hubo de lidiar con un papel contradictorio con su físico dada su juventud; supo resolverlo con gracia, consiguiendo un más que convincente Buonafede. Vocalmente posee una voz de barítono que, si bien no es idónea para la parte, resultó efectiva. Olga Syniakova encarnó a un Ernesto representado de manera totalmente femenina, dando un resultado lésbico a su relación con Flaminia. Vocalmente convenció con una voz de atractivo timbre. Giorgina Rotolo (Flamina), por su parte, no consiguió depurar del todo su línea de canto, que resultó irregular, algo que compensó parcialmente con la eficiencia en el agudo. Lo contrario ocurrió con su compañera Annya Pinto (Clarice), cuyo centro resultó más sólido que el agudo. Más decepcionante fue la actuación de Andrés Sulbarán (Cecco), cuyo canto quedó afeado con algunas emisiones demasiado abiertas. Eso sí, en escena se movió cómodamente. Excelente la Lisetta de Nozomi Kato, quien volvió a deleitar con la belleza de su voz, su impecable técnica, pero también por su desenvoltura en la escena. Todo un lujo.
El teatro tuvo el detalle de dedicar estas funciones a Jesús López Cobos. El director solo dirigió en una ocasión a la Orquesta de la Comunitat, pero había estrenado esta producción en Bilbao. Fue un detalle generoso el recordar al gran maestro desparecido solo unos días antes.  * César RUS