CNDM
Recital Diana Damrau
Obras de Hugo Wolf y Richard Strauss. Helmut Deutsch, piano. Teatro de La Zarzuela, 5 de marzo de 2018
 
Después de su paso por el Real con un homenaje a Meyerbeer, la gran Diana Damrau volvió a Madrid, al Ciclo de Lied del CNDM en el Teatro de La Zarzuela, para adentrarse en el arriesgado territorio de las canciones alemanas. Hay que reconocer que la soprano alemana no hace las cosas a medias y no hubo la menor concesión al histrionismo en todo el recital. También lo hace, eso sí, con inteligencia. Tras una primera parte dedicada a unas obras de apariencia ligera y fácil, las del Libro de canciones italianas de Hugo Wolf, vino la segunda, más pesada y dramática, centrada en los Cuatro últimos Lieder de Strauss.
Damrau tiene la voz ideal para los primeros y como las canciones elegidas iban subiendo en dificultad y exigencia vocal, se pudo comprobar cómo el instrumento, tan fino, tan extraordinariamente delicado en los primeros números, fue ensanchándose y cobrando volumen y poderío en los últimos, todo ello sin perder, más bien al contrario, delicadeza y capacidad de matización. Wolf tenía una idea muy alemana de lo italiano, y es ese punto, no siempre bien comprendido, lo que Damrau supo expresar muy bien: con humor (“Mi amado es tan pequeño”), con algo de sarcasmo (“Mi amado me ha invitado a cenar”), con dramatismo doméstico (“Hemos estado callados tanto tiempo”), con exasperación (“Cállate de una vez”) o con toda la facundia y teatralidad, muy operística, de una coleccionista de hombres (“Tengo un amado que vive en Penna”).
La segunda aparte introdujo un registro aún más acentuadamente postromántico. En los primeros compases vinieron algunas canciones de Strauss centradas sobre todo en el amor familiar, que Damrau cantó sin la mejor distancia, pero con esa humanidad y esa falta de pretensiones de quien viene de un conocimiento interno de las sutilezas mozartianas. Acabó con los Cuatro últimos Lieder, que ni son cuatro ni son los últimos, según explica Luis Gago en el programa de mano, y en los que la soprano alemana se lució, cantando a media voz, con filados y pianísimos sublimes (“En el arrebol”), y extraordinarios cambios de color (“Al ir a dormir”). La atracción por la muerte, tan pagana, no pudo estar mejor expresada, ni de forma más completa, superpuesta como iba al eros familiar y burgués de piezas anteriores.
La intervención del pianista Helmut Deutsch resultó decisiva: en el material tan complejo de Strauss, sobre todo en los cuatro Lieder últimos, así como en las canciones de Wolf, en las que cobra vida por sí mismo, en contrapunto muchas veces humorístico de la voz. Gran éxito, al que la artista respondió con su generosidad y su simpatía habituales.  * José María MARCO