Opéra de Lausanne
Bellini LA SONNAMBULA
Olga Peretyakto-Mariotti, Antonino Siragusa, Nicolas Courjal, Cristina Segura, Marie Lys, Jean-Raphäel Lavandier, Fernando Cuéllar León. Dirección: Giampaolo Bisanti. Dirección de escena: Eric Vigié. 9 de febrero de 2018.
 
Dos detalles del montaje de La Sonnambula de Eric Vigié © Opéra de Lausanne / Alan Humerose
 
El debut de Olga Peretyatko-Mariotti como Amina de La Sonnambula podría calificarse de un hecho importante en la agenda lírica internacional y como notorio logro para la Ópera de Lausana. En muchas ocasiones estas incorporaciones de nuevos roles –sobre todo de los arriesgados e icónicos como lo es este, que representa la quintaescencia del canto belliniano– son realizadas en plazas de menor compromiso y en versión concierto. Lausana optó por una acertadísima mise-en-espace, o lo que es lo mismo, una producción semiescenificada, excelentemente resuelta por su intendente, Eric Vigié. La propuesta fue mínima pero efectiva y aportó dinamismo escénico, con algunos curiosos elementos, como plataformas o una gran cama central, para reforzar el protagonismo hipnótico de la trama. Todo ello fue acompañado de un realista vestuario y de unas impactantes imágenes de los Alpes suizos y del lago Leman.
Se insistió en el hecho de que se trataba de una mise-en-espace para justificar que los solistas no cantaran de memoria. Pero lo cierto es que todos los intérpretes, a pesar de estar con la partitura en la mano, se sabían la composición perfectamente, a excepción de Peretyatko-Mariotti, alrededor de quien giraba la propuesta. La soprano rusa optó por utilizar un iPad como partitura y como parte del atrezzo de la producción; no se despegó del dispositivo ni un segundo, aunque en el escenario también había unas pantallas en las que solo se leían los textos de la parte de Amina. Ello podría tener cierta gracia. Al fin y al cabo, si la tecnología puede ayudar a mejorar una prestación y le puede añadir cierto trabajo dramático, pues bienvenida sea. El problema fue otro: Peretyatko no se sabía la ópera y esto se hizo notorio en repetidas ocasiones. Fue una verdadera lástima, porque la soprano tiene los medios, la calidad y la musicalidad para poder hacer una fantástica Amina. Sin embargo, la sensación general fue la de falta de ensayos, y bastantes. Lausana no puede permitirse llegar a una función así con los desajustes, las pérdidas –hubo que parar unos segundos– y esta descoordinación general.
Realmente fue una lástima, porque sobre el papel el nivel era bueno, empezando por la orquesta, dirigida por Giampaolo Bisanti, que estuvo correcta a pesar de la falta de ensayos y de la colocación al fondo del escenario, lo que restó brillantez a su sonido. Pero se percibía un buen concepto musical detrás la batuta del director de Bari.
Del reparto impresionó gratamente el bajo Nicolas Courjal (Rodolfo), con un bellísimo timbre y voz de color homogéneo. A pesar de un fraseo más propio de la música antigua que del belcanto, gustó mucho en su página “Vi ravviso, o luoghi ameni”. La soprano Marie Lys (Lisa) no brilló especialmente a causa de un timbre algo desagradecido y agudos de cierta tirantez, además de una inseguridad muy palpable en sus intervenciones. Antonino Siragusa (Elvino) cumplió con la papeleta de sustituir al tenor previsto con seguridad y entrega y fue quien mejor se sabía su rol. Pero el tenor siciliano ya no está para según qué maratones, y el instrumento sonó carente de armónicos y más fijado en el agudo trompetero que en la delicada línea belliniana. La mezzo Cristina Segura (Teresa) cumplió solventemente, que ya es mucho, obligada a ser cómplice de los momentos-tablet de Peretyatko.  * Albert GARRIGA