Staatsoper
Mozart. LE NOZZE DI FIGARO
Simon Keenlyside, Jongmin Park, Olga Bezsmertna, Valentina Nafornita, Rachel Frenkel, Ulrike Helzel, Sorin Coliban, Herwig Pecoraro, Maria Nazarova. Dirección: Sascha Goetzel. Dirección escénica: Jean-Louis Martinoty. 18 de febrero de 2018
 
Simon Keenlyside debutó como cantante de ópera en Hamburgo en 1987 con el Conde Almaviva de Mozart y aunque su repertorio ha ido creciendo desde entonces para abarcar los más famosos papeles de un barítono lírico con gran capacidad dramática, este sigue siendo el mejor y el más conocido entre los suyos. Ha declarado en varias ocasiones que participar en esta ópera es como una fiesta para él y que siente un auténtico placer al encarnar este rol. En esta representación ello se hizo especialmente evidente, pues tanto su actuación escénica como su desempeño vocal, de una especial sutileza, fueron magníficos e hicieron de él un Conde ideal. A su lado Olga Bezmertna ofreció una atractiva presencia escénica y un canto siempre controlado en una Condesa de primera clase. Valentina Nafornita, en fin, pudo demostrar que su voz ha ganado en suavidad y aunque no pueda ser considerada una mozartiana ideal su Susanna estuvo también a un muy alto nivel.
El papel de Figaro puede ser cantado por barítonos, bajos-barítonos o bajos. En el historial de la Staatsoper lo han hecho Erich Kunz, cualificado miembro del conjunto mozartiano vienés, Giuseppe Taddei, Renato Capecchi, Rolando Panerai, Geraint Evans y Hermann Prey, este último también intérprete del Conde. Entre las voces más graves el mejor fue Cesare Siepi, pero tampoco hay que olvidar a Walter Berry, Fenando Corena, Samuel Ramey, Ferruccio Furlanetto, Carlos Chausson, Bryn Terfel, Ildebrando D’Arcangelo o Erwin Schrott. A la modalidad de los bajos pertenece Jongmin Park, que lo cantó con una voz adecuadamente oscura, menos favorecida en el agudo que en los demás registros. Estuvo bien como actor, pero debería encontrar más matices en su canto. En general, sin embargo, el joven coreano hizo un buen trabajo y permite que se le augure un brillante futuro.
Rachel Frenkel hizo un buen Cherubino aun sin ofrecer un color personal y Sorin Coliban fue un poderoso Doctor Bartolo. La Marcellina de Ulrike Helzel destacó más como actriz que como cantante, Herwig Pecoraro fue un competente Don Basilio y Maria Nazarova, una buena Barbarina. Completaron el reparto el excelente Don Curzio de Peter Jelosits y el pálido Antonio de Rafael Fingerlos.
Coros y orquesta tuvieron excelentes prestaciones y el austríaco Sasha Goetzel dirigió con vigor y variedad, demostrando que esta ópera le va mejor que el Don Giovanni que había dirigido con anterioridad. Que el placer del público no fuese absoluto fue culpa de la puesta en escena del ya fallecido Jean-Louis Martinoty, un montaje impuesto a Viena por el director Meyer cuando en las giras se sigue utilizando el histórico espectáculo de Jean-Pierre Ponnelle. Toda una paradoja. Se rumorea, con todo, que el nuevo director del teatro recuperará el siempre apreciado montaje de Ponnelle, estrenado en Salzburgo en 1977 y que Karajan llevó a Viena.  Con ello se volvería a gozar de una atmósfera verdaderamente mozartiana.  * Gerhard OTTINGER
 
 
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