Palau de la Música Catalana
Wolf ITALIENISCHES LIEDERBUCH
Diana Damrau, soprano. Jonas Kaufmann, tenor. Helmut Deutsch, piano. 24 de febrero de 2018.
 
 
Ver un Palau atestado, sin una sola localidad libre, es reconfortante aun cuando ello se deba, como en este caso, a la presencia de una figura que estos nada ubérrimos tiempos han hecho mediática. La muchedumbre había acudido a oír a Jonas Kaufmann y se fue satisfecha: el tenor había acudido a la cita y lo hizo bien, muy bien incluso. Siempre, sin embargo, persistirá la duda de si aquel Kaufmann era el que había creado la expectación. La asimilación de los textos de Heyse en la versión musical de Hugo Wolf, manjar de sibaritas no pensado para adoraciones incondicionales, no tenía el apoyo de un sobretitulado como lo tuvo, por ejemplo, en Baden-Baden y el espectador tuvo que optar entre seguir trabajosamente los textos del programa en la penumbra reinante en la sala o adoptar resignadamente la actitud del negro en el sermón, lo que no dejaba de tener recompensa si se atendía a los detalles interpretativos que podían traspasar la barrera de la escasa familiaridad con el idioma de los ejecutantes.
La selección del orden en que se interpretarían las canciones, nada nuevo por otra parte, alternaba piezas de los dos libros atendiendo a su mayor capacidad dialogante y tanto Diana Damrau como Kaufmann se mostraron pletóricos tanto vocal como interpretativamente, matizando frases y efectos con una gestualidad medida y siempre cómplice, que incluso se extendió, en el caso de la soprano, a escenificar alguna que otra coda pianística. El canto fue siempre expresivo y espontáneo, con un juego de dinámicas muy afinado en la soprano y con una emisión siempre segura y bien perfilada siempre, con recursos de rara elegancia a la ocasional utilización de la voz mixta, en el caso del tenor. Ambos unieron sus voces en las dos propinas ofrecidas, de autoría no anunciada, y  a la hora de los saludos finales tuvieron un gesto para destacar el protagonismo de Helmut Deutsch, eminente en toda la sesión. El público lo entendió así y reaccionó con una ovación clamorosa. Hay mensajes que no necesitan traducción para llegar a sus destinatarios.  * Marcelo CERVELLÓ