Opéra de Lille
Offenbach. LE ROI CAROTTE
Héloïse Mas, Yann Beuron, Christophe Mortagne, Christophe Gay, Boris Grappe, Chloé Briot, Albane Carrère, Lydie Pruvot, Thibault de Damas, Renaud de Rugy, Florian Bisbrouck, Dominique Côté. Dirección: Claude Schnitzler. Dirección de escena: Laurent Pelly. 8 de febrero de 2018.
 
Laurent Pelly se encargó de la puesta en escena de Le Roi Carotte © Opéra de Lille / Simon Gosselin
 
Esta sorprendente obra de Jacques Offenbach fue estrenada en París en 1872, a poco del naufragio del Second Empire de Napoleon III. Se representó en Londres, Nueva York y Viena. Luego desapareció por completo hasta que en 2015 la repuso la Opéra de Lyon en la versión que presentó ahora la Opéra de Lille. Razones principales de su desaparición son los 40 personajes que demandaba la obra en su versión original y las más de seis horas necesarias para su representación. Fridolin, príncipe heredero, debe casarse con Cunégonda para poner a flote las finanzas de su reino. La bruja Coloquinte convierte un huerto en corte real y hace de la zanahoria el rey, “le Roi Carotte” (el Rey Zanahoria). Aprovechando un momento de debilidad de la hortaliza, el pueblo se amotinó, repuso a Fridolin y todo acabó bien.
Aunque difíciles de identificar, las alusiones políticas del libreto –de Victorien Sardou, autor de La Tosca– son múltiples, por no decir constantes. Las sexuales, que también hubo, las identificó el público mucho más fácilmente. Laurent Pelly no añadió gran cantidad de morcillas en los diálogos para “poner la obra al día” y, aun así, quedó el público embelesado por los infinitos bandazos de la historia y de la puesta en escena. La inventiva del director está ya más que confirmada. La complicidad que mantiene con la escenógrafa Chantal Thomas dio en este caso un resultado novedoso, variado y muy conforme con las vicisitudes de los personajes.
En el foso brillaron mayormente los metales y las maderas. La música de Offenbach –un rosario de marchas militares, corales, galops, finales– dio prioridad a estos instrumentos. Las bellas melodías y los finísimos valses, que también los hubo, dieron más relieve a las cuerdas. Claude Schnitzler, tan atento al foso como al escenario, respetó los ritmos y las intensidades de la partitura pero también evitó que la orquesta invadiese todo el espacio, para que los cantantes pudiesen ser oídos y entendidos
Se llevó la palma de la velada, Yann Beuron en el papel de Fridolin; el tenor se expresó con gran claridad y un bello acento francés en los diálogos hablados, punto común de todos los artistas en el escenario. Su voz, bien timbrada, viril, potente, sin dificultades en ningún punto de la tesitura, le permitió matizar al máximo los estados anímicos del príncipe, que fueron muchos. El público apreció en particular el trabajo de Christophe Mortagne (Roi Carotte), que, muy bien disfrazado por Pelly, comunicó con gran ciencia los altibajos de su breve e infructuoso reinado. También las voces de Héloïse Mas (eficaz Robin Luron), Chloé Briot (delicada Rosée du soir) y Albane Carrère (pizpireta Cunégonde) atrajeron la atención del público. Lydie Pruvot interpretó magistralmente a la bruja Coloquinte , un papel hablado. En los roles masculinos sobresalieron Christophe Gay (Truck) y Boris Grappe (Pipertrunck).  * Jaume ESTAPÀ