CRÍTICAS

Festival de Teatro Lírico Español
López  EL CANTOR DE MÉXICO
Rossy de Palma, Emmanuel Faraldo, Luis Álvarez, Sylvia Parejo, Manel Esteve. Dirección: Óliver Díaz. Dirección de escena: Emilio Sagi. 15 de febrero de 2018.
 
Tras poderse ver esta temporada en Madrid y Lausana, el montaje de El cantor de México de Emilio Sagi llegó a Oviedo © Festival de Teatro Lírico Español / Alfonso Suárez
 
El Festival de Teatro Lírico Español inauguró sus bodas de plata con la opereta El cantor de México en la versión escénica de Emilio Sagi, montaje que se esperaba con gran expectación en un Teatro Campoamor que llenó su aforo en las dos funciones programadas. Rossy de Palma fue la doña, la coronela implacable que se adueña del escenario con solo pisarlo en números que avivan la presencia de la diva de la compañía que prepara la película. De Palma es una actriz todo terreno con una personalidad arrolladora, y eso lo resalta esta producción del Teatro de La Zarzuela, una artista que siempre tiene algo que aportar; llamó la atención su versión francesa del vals de Eva Marshall, en clave de jazz con ensemble reducido, pero que no resultó sin embargo muy efectivo a pesar del excentricismo cómico para el lucimiento de la actriz. Por lo demás, su poder sobre las tablas fue in crescendo hasta el coro de la legión, para sorpresa del público, que reconoció la versatilidad de las voces masculinas de la Capilla Polifónica, incluso a modo de furias acuáticas al servicio de la diva más intrépida. Sin duda hay que valorar el trabajo del Coro Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo que dirige Pablo Moras desde el primer número festivo y especialmente en el segundo acto.
En el reparto destacó el Bilou de Manel Esteve desde su canción “Soy el mejor”, con una voz firme y muy ágil en la escena; el barítono catalán fue el pintor incomprendido y falto de amor que encuentra al fin su lugar; su interpretación de “Guarrimba”, hacia el éxtasis en la observación de la muerte, fue uno de los momentos fundamentales de este Cantor, con sus cambios de escena, que admiró el público sobre todo en el segundo acto, con soluciones como los personajes de María y Lupita para dar continuidad. Sylvia Parejo fue una perfecta Cricri, con su elegancia y mesura en el camino de la conquista; la soprano es de maneras delicadas también al cantar, con un instrumento sin ostentaciones que modula con dulzura en una voz de bello timbre.
La actuación de Emmanuel Faraldo dividió al público; la del tenor quizá no fue la mejor elección para el papel de Vicente por su voz pequeña y necesitada de mayor proyección, como se apreció tanto en las partes habladas y como en las cantadas, solo y en conjunto; su encarnación del rol resultó resuelta en escena, con ataques vocales efectivos en la famosa “Canción de México”, pero a lo largo de la obra se apreció una línea de canto irregular, más limitada hacia el agudo, y en ocasiones la colocación vocal pareció dudosa. No obstante, a partir del trío con Cricri y Bilou, el tenor se mostró más cómodo en números que le permitieron lucir un registro medio con detalles delicados en su fraseo. Con toda seguridad, la canción “Maitetxu” supuso la mejor intervención de Faraldo, en la declaración de amor final.
Del resto del reparto destacó Ana Goya como la señorita Cécile, sufrida apuntadora que queda a cargo de la compañía tras la marcha del empresario Cartoni, que interpretó Luis Álvarez. El barítono es un imprescindible en el teatro carballón, llegando a emocionar en la fatiga de su personaje (“Yo he recorrido todo el mundo”).
Con todo, el trabajo de Óliver Díaz en la dirección musical fue admirable, para dar vida propia a una partitura que conquista con su variedad de texturas y estilos, en el podio de Oviedo Filarmonía.  * Diana DÍAZ