Teatro Francesco Cilea
Puccini. MADAMA BUTTERFLY
Liliana Marzano, Max Jota, Salvatore Grigoli, Didier Pieri, Lorena Valero, Natalia Bocco, Giuseppe De Luca, Alberto Crapanzano. Dirección: Álvaro Lozano Gutiérrez. Dirección de escena: Renato Bonajuto. 16 de febrero de 2018.
 
Madama Butterfly en la propuesta de Renato Bonajuto para Novara y Reggio Calabria © Teatro Francesco Cilea / Marco Costantino 
En el Teatro Francesco Cilea de la ciudad del estrecho se dio una Madama Butterfly que faltaba del histórico local desde los años sesenta del siglo pasado, cuando un jovencísimo Luciano Pavarotti debutó en el papel de Pinkerton. Cantando por primera vez el rol protagonista, la soprano reggiana Liliana Marzano constituyó una grata sorpresa para el numeroso público  que había acudido en masa al coliseo hasta agotar las localidades y que decretaría para ella al término de la función un éxito triunfal. La línea de canto es noble dentro de las limitaciones del canto verista y una especial sensibilidad caracterizó su trabajo como intérprete, cuidadoso además de una acertada administración de las dinámicas. Valga como ejemplo el Re sobreagudo que corona la entrada de Cio-Cio San, atacado en forte y mantenido sul fiato en pianissimo.
A su lado pudieron brillar dos jóvenes talentos, el tenor brasileño Max Jota, perfecto en el papel de Pinkerton tanto vocal como escénicamente y dueño de un squillo que le hacía –hasta cierto punto, obviamente– hasta simpático, y el barítono de Palermo Salvatore Grigoli, un autoritario Sharpless. Muy bien el tenor toscano Didier Pieri en el papel del rufianesco Goro y notable la Suzuki de la mezzosoprano española Lorena Valero, muy apreciada por el público, así como la exótica Kate Pinkerton de la soprano argentina Natalia Bocco. El bajo de Reggio Giuseppe De Luca encarnó tanto al Tío Bonzo como al vanidoso Yamadori, mientras el barítono de Trapani Alberto Crapanzano era un puntual Comisario imperial.
La puesta en escena, importada del Teatro Coccia de Novara, fue muy apreciada por el público por su realización tradicional. El único decorado era plenamente funcional y el sugestivo vestuario resultaba cromáticamente acertado. Muy bueno el juego de luces y la dirección escénica de Renato Bonajuto, al que apoyaban la coreografía de Sofia Lavinia Amisich y el trabajo de la regidora Manuela Ranno para un desarrollo coherente de la acción dramática. Satisfactoria la labor del coro Francesco Cilea, bien preparado por el maestro Bruno Tirotta y óptima la prestación de la orquesta del teatro dirigida por el maestro español Álvaro Lozano Gutiérrez, que insistió en los valores sinfónicos de la partitura, dando respiro a los tempi y amplio espacio al fraseo musical.  * Andrea MERLI