Teatro de La Maestranza
Verdi  FALSTAFF
Kiril Manolov, José Antonio López, Nicole Heaston, Elena Zaremba, Valeriano Lanchas,
David Astorga, José Manuel Montero, Natalia Labourdette. Dirección: Pedro Halffter.
Dirección de escena: Marco Gandini. 16 de febrero de 2018.
 
Kiril Manolov encarnó a Falstaff en Sevilla © Teatro de La Maestranza / Guillermo Mendo 
 
Con total sentido de la oportunidad, el Teatro de La Maestranza volvía a Falstaff en el 125º aniversario de su estreno en Milán y cuando hacía 20 años que no subía el escenario sevillano. Sin embargo, y aunque de antemano cabe afirmar que tanto vocal como musicalmente esta fue una excelente función, ya son demasiadas las ocasiones en las que, cuando se levanta el telón, no se ve nada que resulte motivador. El esfuerzo que hace el coliseo hispalense en armar su temporada es digno del mayor encomio, pero sin tener que recurrir a puntales –costosos– de la modernidad dramatúrgica, sí que debería el Maestranza plantear posibilidades con una dosis mayor de atrevimiento estético. Esta producción de Marco Gandini para el Teatro del Giglio Showa en Japón es decididamente clásica; se diría que hasta didáctica en su empeño de ser extremadamente fiel al libreto. Además, incomprensiblemente, reducía el escenario a la mitad e incluso a la cuarta parte en algunas escenas, como si hubiera un afán por miniaturizar la acción. Esto no impide que se valore la vitalidad que desprendía el movimiento escénico y el buen trabajo actoral llevado a cabo con los cantantes.
En cuanto al protagonista, Falstaff, este tuvo en Kiril Manolov a un cantante de excelente proyección, variados recursos, timbre oscuro, dramático, y una presencia en la escena que confirió un gran realismo a la caracterización del personaje. Especial interés tuvo ver cómo se desenvolvía en el debut de Ford José Antonio López, que saldó con gran expresividad, fraseo y matizaciones en todas sus intervenciones. Muy frescas y contagiadas por la buena teatralidad Anna Tobella y Elena Zaremba, fundamental esta última en la primera escena del segundo acto, junto a Manolov. La voz de la Alice de Nicole Heaston no debió correr mucho más allá del patio de butacas, aunque supliera sus limitaciones en la proyección con la dote actoral y con una voz, aunque pequeña, transparente y muy bella. Vicente Ombuena fue un divertido a la par que contenido Bardolfo y José Manuel Montero, por el contrario, descontroló un tanto la vis cómica del Dr. Cajus, al que dio, esto sí, una enorme, expansiva proyección. Con una carrera que recién comienza, Natalia Labourdette fue una cálida Nannette, de timbre sedoso y arrobadoras modulaciones. Valeriano Lanchas y David Astorga redondearon una ejemplar representación coronada por la aportación del Coro del Maestranza al final.
En el foso, el madrileño Pedro Halffter demostró que no solo en el repertorio alemán de comienzos del siglo XX es un especialista, también se perfila como tal cuando aborda el italiano, Verdi concretamente; y en breve, se verá qué hace con Cilèa. En fin, su Falstaff –y por extensión el de la Sinfónica de Sevilla– tendió a lo rutilante, a lo espectacular. No fue un mero acompañamiento; profesores y director se empeñaron en hacer lucir instrumentalmente una obra a la que no se le escatimó un fraseo amplio y una poderosa sonoridad que no empañó en ningún momento la necesidad concertadora con las voces.  * Ismael G. CABRAL