CRÍTICAS

Palau de Les Arts
Gregory Kunde, Leah Partridge, Robert Bork, Dalia Schaechter, Richard Cox, Andrew Greenan, Rosalind Plowright. Dirección: Christopher Franklin. Dirección de escena: Willy Decker. 1 de febrero de 2018.
 
Dos detalles del montaje de Willy Decker de Peter Grimes en Valencia © Palau de les Arts / Miguel Lorenzo / Mikel Ponce 
Una de las virtudes del periodo de Davide Livermore como intendente en el Palau de Les Arts de Valencia ha sido la programación reiterada de la obra de Benjamin Britten. El exintendente comprendió, con acierto, que el compositor británico podía ser un buen vehículo para normalizar la presencia de la música del siglo XX en una programación que venía apostando por un repertorio más bien tradicional. En esta ocasión llegó el turno de Peter Grimes, la que sigue siendo, a día de hoy, su obra más popular. Esta producción tenía el atractivo específico de contar con Gregory Kunde en el papel protagonista. El tenor estadounidense había interpretado el personaje solo en una ocasión y en versión de concierto, por lo que este era su debut escénico. La suya es una de esas interpretaciones que están invitadas a convertirse en referencia; el metal de la voz es el idóneo y la madurez que se percibe en la misma es ideal para plasmar al atormentado y controvertido personaje. Su impecable técnica aportó el resto necesario para firmar una interpretación del más alto nivel. Su dominio del control de los reguladores, la impecable afinación y el sentido del legato le permitieron dibujar frases magistrales, especialmente en los monólogos del segundo y tercer actos.
No se quedó atrás su compañera Leah Partridge como Ellen, con una voz lírica de cristalino timbre que resultó idónea para la parte; además supo dar a cada palabra su total sentido y su exquisito canto le permitió firmar una magistral interpretación de su monólogo. Robert Bork fue un noble Balstrode de imponente presencia canora y escénica. Del resto del reparto hay que señalar a Richard Cox como Bob y Andrew Greenan como Swallow. Una mención especial se merece la mítica Rosalind Plowright como Mrs. Sedley. En conjunto el reparto fue impecable.
Pero además, esta ópera fue una oportunidad excelente para volver a disfrutar de los extraordinarios cuerpos estables del Palau de Les Arts. El Cor de la Generalitat estuvo simplemente maravilloso: su interpretación fue brillante y precisa –como siempre–, pero además, el complejo movimiento escénico a su cargo no produjo la más mínima fisura en el resultado musical en un emocionante ejemplo de unión entre escena y música. Magnífica también la Orquestra de la Comunitat Valenciana, cuyos profesores demostraron una excelente calidad individual creando una impecable interpretación en conjunto. Christopher Franklin dirigió con precisión y profesionalidad, lo cual no es poco pues permitió que todos brillasen; tal vez menos él, pues le faltó algo de pulso para transmitir el drama y crear las atmósferas idóneas.
La puesta en escena de Willy Decker sigue funcionando como el primer día, es una producción que permite entrar en la esencia del drama psicológico. Les Arts finalmente ha tenido que comprarla pues así le resultaba más económica la adaptación a las características del escenario valenciano. La única pega de este montaje es los años que tiene, más de 20; proviene de La Monnaie y ya se vio en el Real hace dos décadas. Con una nueva producción la repercusión de este Peter Grimes podría haber sido incluso mayor teniendo en cuenta el excelente nivel musical alcanzado, pero las posibilidades económicas del teatro no lo permitieron.  * César RUS