CRÍTICAS

Teatro de La Zarzuela
Vives MARUXA
Susana Cordón, Borja Quiza, Simón Orfila, Svetla Krasteva, Jorge Rodríguez Norton, Carles Pachón. Dirección: José Miguel Pérez-Sierra. Dirección de escena: Paco Azorín. 1 de febrero de 2018.
 
Borja Quiza y Susana Cordón formaron la pareja protagonista del reparto alternativo de Maruxa en Madrid © Teatro de La Zarzuela / Javier del Real 
 
El segundo reparto de esta renovada Maruxa del Teatro de La Zarzuela resultó irregular y muy accidentado. Empezando por lo último, la propuesta escénica de Paco Azorín en esta función fue tomada a la tremenda y consignada por muchos espectadores como un manifiesto político. Los abucheos, gritos, imprecaciones e insultos trufaron toda la segunda parte hasta tener que detener en algún momento la música cuando el coro –a un excelente nivel–recogía chapapote por el escenario. Doble aplauso para sus integrantes, que además de realizar una actuación redonda hubieron de aguantar estoicamente una tormenta de improperios que nada tenía que ver con ellos.
La pareja protagonista funcionó mejor en el registro dramático que en el vocal, en el que hubo mucho más empuje que matiz. Susana Cordón manejó muy bien esa musicalidad innata que posee para arropar una zona aguda menos controlada; actuó y transmitió su candor con desenvoltura, algo realmente complicado cuando una cantante ha de enfrentarse a versos del tipo: “Si cariñosa le hacía un mimito / me respondía con un balidito”. Borja Quiza, Premio ÓPERA ACTUAL 2009, construyó un Pablo interesante por la química conseguida con la soprano, aunque no siempre controló el volumen –a veces corto, a veces excesivo– o la zona de pasaje. El barítono gallego se entregó con más ímpetu en las escenas amorosas, con la emisión algo abierta, pero siempre con un buen cuidado empaste en los dúos con Maruxa.
Svetla Krasteva construyó una Rosa muy pálida, inaudible en todo registro que no fuera un agudo; vaya en su descargo la titánica tarea que hubo de asumir con la baja de Metlova en el primer reparto, un trabajo que necesariamente había de pasarle factura. Jorge Rodríguez Norton cumplió sin esplendores y Simón Orfila, presente en ambos repartos, se mantuvo sólido y generoso en su emisión.
La dirección de José Miguel Pérez-Sierra fue más idiomática que en las primeras funciones, sin tanta rigidez en su forma de convocar la expresión, aunque no llegó a levantar el vuelo en sus momentos sinfónicos. Tampoco hubo de ser fácil, todo hay que decirlo, concentrarse con tamaño jaleo en el patio de butacas.  * Mario MUÑOZ