CNDM
Recital PIOTR BECZALA
Obras de Donaudy, Wolf-Ferrari, Respighi, Tosti, Szymanowski, Karlowicz y Moniuszko. Helmut Deutsch, piano. Teatro de La Zarzuela, 8 de enero de 2017
 
Como en Madrid no se tiene la suerte de poder escuchar al tenor polaco Piotr Beczala en una ópera escenificada, el público se tiene que contentar con recitales como este (el anterior fue uno de homenaje a Kraus, hace más de tres años). No es pequeña cosa, porque el repertorio que interpretó, aunque podía suscitar cierta frialdad por lo desusado de buena parte de las obras, tenía el atractivo de la coherencia y lo inédito.
La primera parte estuvo dedicada a obras italianas, empezando por tres de las Arie di stilo antico de Stefano Denaudy, no muy complicadas, pero que requieren una perfecta línea de canto. Los Rispetti de Wolff-Ferrari son miniaturas populares en las que Beczala puso a prueba su italianità, llamémosla así, y salió triunfante: gracia, capacidad alusiva, contención. Las canciones de Respighi, a continuación, se adentraron por un territorio más dramático e incluso tétrico, como una relectura a la italiana del Lied alemán: evocaciones atmosféricas, cambios de color y serias exigencias vocales, incluidos pianísimos asombrosos (en particular en la famosa “Stornellatrice”) o explosiones casi veristas. Tres melodías de Tosti terminaron esta parte, y Beczala lució la extraordinaria fluidez de su línea de canto, la proyección y una regulación perfecta.
La música polaca ocupó la segunda parte. El viaje empezó con unas canciones de Szymanowski, complicadas en lo tímbrico, de sensibilidad tardorromántica. Una selección del Cancionero doméstico de Moniuszko permitió acceder a la sensibilidad popular polaca, con algún toque operístico. No hay dificultades para la voz, sí en cuanto a  la frescura, la limpieza, la sencillez exquisita que requiere siempre este repertorio: Beczala lo resolvió con elegancia perfecta. Antes unas cuantas canciones de Karlowicz habían permitido la transición del romanticismo a lo popular. A la atención y los aplausos del público, Beczala respondió con tres propinas: “Mattinata”, cantada a plena voz, homogénea y luminosa, un poco como la de Björling; “Pourquoi me réveiller”, en la que lució cromatismo, finura y expresividad, y “Lucevan le stelle” para terminar, con lo que el recital de canciones trepó hasta la apoteosis operística.
 
Excelente el acompañamiento de Helmut Deutsch, un poco distraído en alguna ocasión, pero muy fino, sutil y, cuando hacía falta, con evocaciones sinfónicas.  * José María MARCO