ABAO-OLBE
Massenet  MANON
Irina Lungu, Michael Fabiano, Manel Esteve, Roberto Tagliavini, Francisco Vas, Francisco Latorre, Ane Nebot, Itziar de Unda, María José Suárez, Cristian Díaz. Dirección: Alain Guingal.
Dirección de escena: Arnaud Bernard. Palacio Euskalduna, 20 de enero de 2017.
 
Pie de foto: Irina Lungu y Michael Fabiano, protagonistas de Manon en Bilbao © ABAO-OLBE / E. Moreno Esquibel 
 
ABAO-OLBE tuvo otra vez que recurrir a un cambio de última hora. El anunciado Celso Albelo fue sustituido, pero esta vez con espléndido acierto, por el norteamericano Michael Fabiano, que junto a la rusa Irina Lungu formaron dos de los pilares que habrían de sostener una función que recibió al caer el telón una merecida salva de aplausos, densa y larga. La producción de la Opéra de Monte-Carlo resultó muy vistosa, con muy cuidados detalles y efectos; ambientada plenamente en su tiempo, con una bella escenografía de Alessandro Camera, una brillante iluminación de Patrick Meus y el vestuario de Carla Ricotti, naturalmente también de época, adecuado a los personajes y sabiamente variado para las distintas escenas (salones, el convento, la posta, el mercado, el nido de amor, etc.). Se hizo uso de paneles corredizos que se abrían o cerraban para mostrar distintos ámbitos de la acción; una disposición inteligente que, por ejemplo, permitió dar entrada a las diligencias o separar físicamente los apartes de Manon y Bretigny del diálogo de Des Grieux con Lescaut. El soberbio montaje estuvo lleno de guiños a la psicología de los personajes y, para mayor encanto visual, Arnaud Bernard impartió vivo y decisivo movimiento tanto a los actores como a figurantes y al Coro de la Ópera de Bilbao, que en el aspecto vocal se mostró excelente en la calidad de las voces y con perfecta conjunción, especialmente las voces blancas, que bordaron sus intervenciones. La Orquesta Verum sonó bien, llevada con seguridad por la mano eficaz y solvente de Alain Guingal.
La soprano Irina Lungu, que debutaba el papel de Manon, mostró técnica segura y una bella voz, brillante y ágil en los agudos, algo más desvaída en los graves; cantó con estilo, quizá aún no del todo adaptada a las variaciones de expresión que requiere el cambiante ánimo de su veleidoso personaje. Gran dúo protagonista: ella, junto a un enorme Des Grieux que forjó un Michael Fabiano de voz plena, estentórea, con fáciles ataques agudos, poderoso registro medio, más en una línea de canto heroico que en la finura francesa. Pero cuando hizo falta dulzura y seda recurrió a un bien utilizado falsete. Un buen cantar, y un lujo para hacer un personaje, sobre todo en los momentos más dramáticos. 
El resto del elenco fue competente. Los partiquinos cumplieron. Manel Esteve hizo Lescaut y Fernando Latorre, Bretigny. Más destacadas las tres voces femeninas, Itziar de Unda, Ana Nebot y María José Suárez, pizpiretas tanto vocal como dramáticamente. También cabe destacar a Francisco Vas, que usó bien el histrionismo vocal y actoral para hacer un Guillot creíble, bien perfilado, y especialmente a Roberto Tagliavini, que con su bien timbrada voz de bajo hizo un excelente Conde: muy expresivo, en su gran voz y en su línea de canto cabían el amor de padre, su deseo de reconducir a su hijo, y la autoridad de su rango. 
Dos grandes protagonistas, un excelente coro, una bella y dinámica puesta en escena, y el resto de un reparto que no falló: cuatro bases para levantar un gran éxito, premiado con una estruendosa ovación.  * José Miguel BALZOLA