Teatro Comunale
Puccini LA BOHÈME
Francesco Demuro, Mariangela Sicilia, Nicola Alaimo, Andrea Vincenzo Bonsignore, Hasmik Torosyan, Evegeni Stavinsky. Dirección: Michele Mariotti. Dirección de escena. Graham Vick. 19 de enero de 2018. 
 
Francesco Demuro y Mariangela Sicilia fueron Rodolfo y Mimì en Bolonia © Teatro Comunale / Roberto Casaluci
 
La Bohème inauguró con ecos de triunfo la temporada boloñesa en el Teatro Comunale con puntas de auténtico entusiasmo por lo que hace a la vertiente musical, doblemente interesante gracias a la dirección del maestro Michele Mariotti en este su primer encuentro con el título pucciniano. En el reparto destacó la Mimì de Mariangela Sicilia, dueña de un timbre acariciante y pleno. Francesco Demuro afrontó a tono la fatídica “Gelida manina”, demostrando tenerlo todo para ser un Rodolfo escénicamente perfecto. Nicola Alaimo, un Marcello robusto al que se disputan las grisettes que pululan por el Barrio Latino, posee una voz aterciopelada que resulta perfecta para el papel. Correctos los otros miembros de la pandilla bohemia, el Schaunard del emergente barítono Andreas Vincenzo Bonsignore y el Colline del muy buen bajo que es Evgeny Stavinsky. Musetta encontró en la pizpireta soprano armenia Hasmik Torosyan toda la verve y el esprit requeridos. Bruno Lazzaretti, que tomaba a su cargo los papeles de Benoît y Alcindoro, firmaba dos gustosa viñetas. Muy bien tanto el coro del Teatro Comunale que prepara Andrea Faidutti como el coro infantil que dirige Alhambra Superchi.
Queda la referencia al espectáculo que firma Graham Vick, un regista famoso, que también ha optado por la actualización de la trama, lo que ya no constituye novedad alguna en estos últimos cuarenta años. La acción estuvo bien articulada y todos los intervinientes en ella mostraron el debido entusiasmo, pero la destextualización va más allá: los cuatro bohemios, por ejemplo, son en realidad otros tantos hijos de papá en fase de contestación juvenil. El detalle, en el último cuadro, de Colline dirigiéndose al servicio con una revista pornográfica, hubiera podido evitarse. El desprecio que todos muestran ante la agonía de Mimì será una idea original pero muchos lo vieron como un auténtico despropósito. Contribuían a él la escenografía y el vestuario de Richard Hudson, reducida la primera a primer término, prácticamente al proscenio, en una cita a las ilustraciones de periódicos que fueron la fuente original del libreto de esta obra maestra del género. Los efectos de luz, crudos y planos, de Giuseppe De Iorio subrayaban explícitamente este aspecto que a la larga resultó un tanto reductor, particularmente en el cuadro segundo con el desfile de la banda en trajes de Papá Noel.  * Andrea MERLI