CRÍTICAS

Teatro de La Zarzuela
Vives MARUXA
Maite Alberola, Rodrigo Esteves, Simón Orfila, Svetla Krasteva, Carlos Fidalgo. Dirección: José Miguel Pérez-Sierra. Dirección de escena: Paco Azorín. 25 de enero de 2018.
 
Maite Alberola protagonizó Maruxa en Madrid © Teatro de La Zarzuela / Javier del Real

Amadeo Vives está de moda en el madrileño Teatro de La Zarzuela, baluarte del género lírico español. Así lo demuestran los títulos programados por este escenario en los últimos tiempos: La villana, La gatita blanca y ahora Maruxa, una zarzuela que representó verdaderamente un punto álgido en el nacionalismo folclorista. Estrenada en 1914, el mismo año en el que el compositor catalán pasó a asumir la dirección del coliseo de la calle Jovellanos, Vives la transformó en ópera al año siguiente. Maruxa –en su posterior y consolidado formato operístico– ha vuelto 40 años después de su última representación. ¡Finalmente! Madrid tenía anhelo gallego.
El libreto de Luis Pascual Frutos narra una historia pastoril caracterizada por su simplicidad en la que los protagonistas, Maruxa y Pablo, exaltan un amor condicionado por sus dueños. La simplicidad del libreto dio pie al director de escena, Paco Azorín, a contar otra historia en paralelo convirtiendo la peripecia amorosa en una reflexión del pasado, porque el director de escena, tal y como adelantaba a ÓPERA ACTUAL 210, traslada la acción a 1976, poniendo el acento en hundimiento del Urquiola, el barco petrolero que provocó una catástrofe ecológica en las rías gallegas. Junto a la narración propia de la historia original, durante el primer acto tiene lugar la presentación del Urquiola en el consejo de administración de Petroliber. Tras su hundimiento, el segundo acto muestra como punto álgido la transformación del coro en voluntarios que recogen el vertido ennegrecido del mar. Bañada en chapapote y en la poesía de Rosalía de Castro, la dramaturgia planteada convierte a esta Maruxa en un elogio a la tierra gallega. El movimiento escénico mantiene constantemente el pulso de las historias desarrollándose en la atmósfera de una escenografía en la que imperan unos cortinajes en los cuales se proyectan imágenes de la catástrofe ecológica. Cabe destacar sin lugar a dudas el protagonismo de la bailarina María Cabeza de Vaca, presente de forma continuada, creando una literatura narrativa a la vez que rebelde a través de su movimiento corporal. En el plano musical, el director José Miguel Pérez-Sierra dirigió con nervio y determinación, atendiendo siempre a los cantantes, aunque en ocasiones los tempi fluctuaron de manera un tanto desigual.
Premio ÓPERA ACTUAL 2012, la soprano Maite Alberola, con un timbre carnoso y voz caudalosa, dibujó a una Maruxa enérgica y estupenda. Su pareja artística, Rodrigo Esteves, en el rol de Pablo, cantó con énfasis derrochando empaque y tesón. Despuntó el Rufo de Simón Orfila, sobresaliente a nivel canoro e interpretativo, demostrando expresividad y una magnífica forma vocal. La mezzo búlgara Svetla Krasteva, que sustituyó a Ekaterina Metlova por enfermedad, supo mantener el pulso de la función a pesar de verse excedida por las exigencias de la partitura. El tenor Carlos Fidalgo rindió a buen nivel como Antonio. El coro, en su buen hacer habitual, estuvo magnífico. Ojalá las modas sigan reinventado el Teatro de La Zarzuela. Habrá que cruzar los dedos.  * Isabel IMAZ