Ópera de Oviedo
Debussy PELLÉAS ET MÉLISANDE
Edward Nelson, Paul Gay, Maxim Kuzmin-Karavaev, Eleonora De la Peña, David Sánchez, Anne-Catherine Gillet, Yulia Mennibaeva. Dirección: Yves Abel. Dirección de escena: René Koering. Teatro Campoamor, 28 de enero de 2018.
 
La propuesta escénica de René Koering para Pelléas et Mélisande subió al escenario del Teatro Campoamor © Ópera de Oviedo / Iván Martínez 
La Ópera de Oviedo saldó, por fin, su deuda con la única ópera de Claude Debussy, Pelléas et Mélisande, precisamente en el año en que se conmemora el centenario de su muerte. Fue, en este sentido, una noche importante para la entidad y también para su escenario, el Teatro Campoamor, que ve, poco a poco, como su repertorio lírico se ha normalizado tras dos décadas de intenso trabajo en esta dirección. Pelléas es un título que requiere de un planteamiento musical de altura, y en la capital asturiana lo tuvo de la mano de Yves Abel, uno de los directores habituales en el foso del coliseo ovetense y que al frente de la Sinfónica de Asturias obtuvo resultados brillantes gracias a un discurso musical muy bien planificado que destacaba las ricas texturas orquestales de la partitura, la belleza de los interludios y unas dinámicas contrastadas que enfatizaban la jugosa trama armónica de resonancias oníricas en una atmósfera siempre tensionada.
A pesar de alguna incoherencia un tanto hilarante tanto en el desarrollo como en el desenlace de la obra, el planteamiento general de René Koering en su propuesta escénica fue acertado. Buscó y consiguió un trazo poético que sedujo al espectador y que transitaba por ese mundo de sombras y violencia inherentes a la obra, aquí expuesto de manera sutil.
El reparto cumplió su cometido de manera correcta, sin altibajos, en un generalizado tono medio que benefició a la obra, aunque se echasen de menos, en algunos roles, personalidades vocales más aceradas como la que marcó, sin duda, el mejor de todos ellos, el bajo-barítono Paul Gay como Golaud: su aportación fue sensacional, vocal y actoralmente, y marcó la pauta de una velada en la que también brilló la Mélisande de Anne-Catherine Gillet, que asentó su trabajo en la emoción del papel, dotándolo de una traslúcida veta dramática. Bien, aunque ya con menor peso, el Pelléas del joven barítono Edward Nelson, que tuvo como principal aliciente la belleza de su timbre y una clara voluntad de entrega escénica. Correctas Eleonora de la Peña como Yniold, Yulia Mennibaeva como Geneviève y también David Sánchez en su doble cometido como médico y pastor. Irrelevante la prestación de Maxim Kuzmin-Karavaev como Arkel.  * Cosme MARINA