Bayerische Staatsoper
Puccini  IL TRITTICO
Wolfgang Koch, Yonghoon Lee, Eva-Maria Westbroek, Ermonela Jaho, Michaela Schuster,
Ambrogio Maestri, Rosa Feola, Pavol Breslik. Dirección: Kirill Petrenko. Dirección de escena: Lotte de Beer. Nationaltheater, 17 de diciembre de 2017.
 
Dos detalles del montaje de Lotte de Beer para el Trittico © Bayerische Staatsoper / Wilfried Hösl 
 
Cada producción dirigida por Kirill Petrenko se está convirtiendo en un acontecimiento de primera magnitud, como se ha vuelto a dar el caso en Il Trittico, que por primera vez en su carrera abordaba el titular de la Ópera Estatal de Baviera. Un título que, curiosamente, el teatro muniqués nunca había ofrecido en italiano. La versión de Petrenko ha realzado hasta extremos inusitados la genialidad de Puccini, recreando, gracias a una orquesta en forma soberbia, todos los colores y los ambientes de las tres partes de la obra, y mostrando, si aún hacía falta, la modernidad de la escritura del compositor italiano, siempre atento a todo lo que se cocía en música en la Europa de su tiempo. Las superposiciones de texturas, las disonancias más hirientes, los ritmos obsesivos... Nada escapaba a la batuta de Petrenko, como tampoco lo hacía la tinta específica de cada parte: la ominosa oscuridad de Il tabarro, la beatífica calidez de las primeras escenas de Suor Angelica y la propulsiva vitalidad de Gianni Schicchi. Sería, sin embargo, un error considerar como meramente sinfónica esta lectura prodigiosa, porque Petrenko es un gran hombre de teatro que sabe dosificar los flujos y reflujos de la tensión dramática y respirar con los cantantes.
 
Y Múnich reunió un reparto formidable sin ningún eslabón débil, en el cual, pese a todo, cabe destacar un nombre: Ermonela Jaho. La soprano albanesa se entregó en cuerpo y alma en una Suor Angelica emocionalmente devastadora, explotando las fragilidades de una voz dúctil para hacer más hiriente el drama de la protagonista. Su “Senza mamma” al límite del susurro, delicadamente envuelto por una orquesta de exquisita transparencia, fue uno de los grandes momentos de la función, como lo fue el enfrentamiento de Suor Angelica con la Zia Principessa sinuosa, de voz y gesto, de Michaela Schuster (más tarde, una Zita histriónica). En el impecable grupo de monjas sobresalieron la dulce Suor Genovieffa de Anna El-Khashem y la firme Badessa de Claudia Mahnke, también una Frugola de gran presencia en Il tabarro.
En la primera parte del Trittico, Wolfgang Koch, más asociado a los grandes roles wagnerianos y straussianos, fue un Michele de voz expansiva herida humanidad, frente a la intensa Giorgietta de Eva-Maria Westrboek y el recio Luigi –pese a alguna tentación lacrimógena– de Yonghoon Lee. El cierre cómico lo aportaba un Ambrogio Maestri pletórico de voz e intención como Gianni Schicchi, junto a la dulce Lauretta de Rosa Feola –gracias también a Petrenko “O mio babbino caro” no cayó en la ñoñería habitual–, el meloso Rinuccio de Pavol Breslik y un desopilante grupo de parientes.
 
La producción de Lotte de Beer subrayó los nexos entre las tres partes, no solo con el decorado, único y glacial de Bernard Hammer –un túnel metálico que se reveló, gracias a la bien modulada iluminación de Alex Brok, como más sugerente de lo que la primera impresión hacía suponer–, sino también con la sombra de la muerte que plana sobre todas ellas, plasmada con un recurrente cortejo fúnebre. Si el vestuario de Jorine van Beek evocaba, con acierto variable, las tres épocas de la acción, la dirección minuciosa de De Beer seguía con bastante fidelidad las indicaciones del libreto, incorporando detalles que reforzaban la tensión dramática.  * Xavier CESTER