Théâtre de La Monnaie
Poulenc DIALOGUES DES CARMÉLITES
Nicolas Cavallier, Patricia Petibon, Stanislas de Barbeyrac, Guy de Mey, Nabil Suliman, Sophie Pondjiclis, Véronique Gens, Sophie Koch, Sandrine Piau, Mireille Capelle, Angélique Noldus. Dirección: Alain Altinoglu. Dirección de escena: Olivier Py. 19 de diciembre de 2017.
 
Dialogues des carmélites, en la producción de Olivier Py que se pudo ver en París y, ahora, en Bruselas © Théâtre de La Monnaie / Matthias Baus 
 
Hace ya algunos años que Olivier Py trabaja textos que remiten a la vida interior y a la espiritualidad. Al Teatro de la Abadía de Madrid llegó en 2014 para estrenar Hacia la alegría, un monólogo sobre la vida y el arte que encarnaba Pedro Casablanc y que luego visitaría el Teatro Nacional de Bruselas. Un año antes había estrenado Diálogos de carmelitas en París, versión que ha subido estos días al escenario de La Monnaie.
La concepción dionisiaca y expresionista de sus montajes se transforma aquí en una sorprendente aura mística, de lugares interiores y luces apagadas y azuladas. Tan solo la escena de la muerte de la priora se abstrae de esa atmósfera romántica y beatífica para situar al espectador en el punto del vista del mismo Dios, como si contemplara la escena desde un ángulo cenital y mirara de cerca toda la agonía y la desesperación de quien reservó su vida para la oración: “La angustia se me pega a la piel / como una máscara de cera... ¡Oh! / ¿Por qué no puedo arrancármela con las uñas?”. Es el único pasaje que concede Py a un dramatismo descarnado. Todas las demás escenas, incluidas las de la cárcel o el patíbulo, están envueltas en una arrebatadora humanidad interior. El salón noble, la celda carmelita o el locutorio son esos lugares fríos por donde se cuela una naturaleza inerme y serena, en una dualidad interior-exterior que alcanza su significado definitivo en la unión final de las decapitadas con el cosmos.
Patricia Petibon (Blanche de La Force), Véronique Gens (Madame Lidoine), Sophie Koch (Mère Marie) y Sandrine Piau (Sœur Constance) repetían como cuarteto de ensueño en el estreno de esta producción en París. En Bruselas se les unió la batuta de Alain Antinoglu, el maestro titular del teatro bruselense, que obtuvo lo mejor de la orquesta para esta ópera de melodías puras y hondura dramática. En la función que se reseña, la mezzo francesa Sophie Pondjiclis sustituyó a la anunciada Sylvie Brunet Grupposo en el papel de la Priora, que cantó muy bien la escena de la agonía, apoyada en una gran capacidad teatral. Petibon demostró que Blanche forma ya parte de su mejor repertorio. Mantuvo una gran exquisitez de línea, dicción y volumen, y entregó lo mejor en la escena del locutorio con II n'y a en moi a votre égard. Gens hizo lo propio en esa arenga carcelaria a unas hermanas atemorizadas, con una emisión rotunda y de gran personalidad que extrajo toda la capacidad emotiva que atesora este pasaje. Koch prestó su voz y su singular presencia teatral al papel más complejo, quizá el más humano y el menos místico de todos. Y Piau, aunque aquejada de un resfriado, dio adecuado contrapunto con un canto inocente de líneas transparentes que reclamaba el papel de Constance. Mención aparte merecen los coros femeninos, que respondieron con empaste y fuerza en los momentos decisivos del final.  * Felipe SANTOS