Palau de Les Arts
Verdi DON CARLO
Andrea Carè, María José Siri, Plácido Domingo, Alexander Vinogradov, Marco Spotti, Violetta Urmana, Karen Gardeazabal, Rubén Amoretti, Olga Zharikova. Dirección: Ramón Tebar. Dir. esc.: Marco Arturo Marelli. 9 de diciembre de 2017.
 
 Plácido Domingo y María José Siri, como Rodrigo y Elisabetta en la producción de Don Carlo de Marco Arturo Marelli © Palau de les Arts / Miguel Lorenzo
 
El Palau de Les Arts está acostumbrado a las situaciones extremas y la temporada que se inauguró el 9 de diciembre hizo honor a ello debido a la dimisión de Davide Livermore, anunciada cinco días antes del estreno. La renuncia sobrevolaba el ambiente y la tensión se palpaba en el teatro. Al inicio una voz del público pidió un aplauso para el ya exintendente y los asistentes obedecieron entregados. Al inicio de la segunda parte (tercer acto) otra voz gritó “Conseller cobarde”, en alusión a la ausencia de Vicent Marzà, conseller de Cultura de la Generalitat valenciana, que no hizo acto de presencia tal vez temiendo un abucheo, tal y como le ocurrió en su momento a la exconsellera María José Català.
En ese extraño y tenso ambiente tuvo que abrirse paso este Don Carlo que, musicalmente, discurrió a un excelente nivel. El principal interés era la presencia de Plácido Domingo como Rodrigo, y el cantante volvió a sorprender por sus admirables medios vocales pese a lo dilatado de su carrera. El papel, bastante lírico, le va bien a su voz de tenor reconvertido en barítono y su capacidad de proyección y su genio interpretativo completaron el cuadro; pese a ello hay que señalar un vibrato cada vez más evidente y una emisión crónicamente engolada en el centro. El italiano Andrea Carè encarnó al protagonista con unos admirables medios vocales; su voz de tenor lírico ancho le permite afrontar sin problemas este personaje y además proyecta con facilidad y su timbre tiene squillo. Sin embargo, su técnica parece no ser muy depurada, con una zona de paso no siempre bien resuelta, poca delicadeza en el legato y algún ataque sucio. Pero en su conjunto firmó una actuación brillante.
Exquisita la interpretación de María José Siri como Elisabetta gracias a una técnica impecable y a una suprema sensibilidad, con las que firmó una lírica y delicada interpretación. Violeta Urmana regresaba como Eboli a Les Arts en su retomada cuerda de mezzo; cantó con intensidad, sabiduría y maestría; la voz sonó impecable en el centro y el grave, pero el paso por la cuerda de soprano ha dañado la tesitura aguda. Con todo, una cosa compensa a la otra y si se tiene en cuenta su inmensa categoría interpretativa, el resultado fue el de una Eboli de primer nivel. Por cierto, le cortaron parte de la popular Canción del velo. Alexander Vinogradov (Filippo II) impresionó por su generosa exhibición de medios vocales con esa emisión oscura propia de la escuela rusa, mientras que Marco Spotti (Gran Inquisidor) resultaba demasiado baritonal: no convenció ni por color ni por tesitura.
Ramón Tebar consiguió una brillante y viva interpretación de la orquesta y coro de la casa –siempre excelentes–, pero también logró momentos delicados y originales, como la colorista dirección de “Tu che le vanità”. Sin embargo, en algunas ocasiones faltó algo de precisión, como en el dúo de Carlo y Rodrigo. La puesta de escena firmada por Marco Arturo Marelli, proveniente de la Deutsche Oper, destacó por la estética que consigue con unos bloques móviles imitando el hormigón. La regia, sin embargo, fue sencillamente absurda, sin un concepto unitario y con una vacua voluntad de hacer cosas diferentes porque sí: lucha de espadas en el auto de fe, la voz del cielo paseando a un bebé en primer plano, Rodrigo portado como Siegfried muerto, fusilamiento final a lo Mario Cavaradossi...  * César RUS