Opernhaus Zurich
Puccini TOSCA
Anja Harteros, Brian Jagde, Marco Vatrogna, Valeriy Murga, Pavel Daniluk, Martin Zysset, Ildo Song. Dirección: Paolo Carignani. Dirección de escena: Robert Carsen.  4 de noviembre de 2017. 
 
La controvertida producción de Tosca firmada por Robert Carsen, que sitúa la acción dentro de un teatro, sirvió para que Anja Harteros paseara su versión del icónico rol pucciniano por la ciudad suiza. El montaje, visto ya en varios teatros, entre ellos el Liceu de Barcelona, aguanta el paso de los años gracias a que el director canadiense realizó en su momento un concienzudo trabajo teatral que sigue estimulando con esta especial visión de la obra desde una platea de Sant'Andrea della Valle, las bambalinas del Palazzo Farnese o el escenario del Castel Sant'Angelo. Carsen, por ello, intensifica aquello que fuera característica del verismo italiano, el metateatro o teatro dentro del teatro, junto a un imponente trabajo de actores en el que resaltan el carácter artístico y vehemente de Tosca y el lascivo de Scarpia.
Paolo Carignani, que suele ser un director muy solvente, dibujó aquí una sonora dirección musical con exceso de decibelios en más de una ocasión. Es cierto que las dimensiones de la Opernhaus de Zúrich no ayudan, y más en orquestaciones de cierta densidad, a mantener el control del torrente sonoro de la orquesta. Por ello, sobre todo en los momentos de mayor lirismo y refinamiento, el sonido del foso se proyectó algo basto y plano. Sin embargo, en el Te Deum y los momentos de mayor intensidad del segundo acto, Carignani sí supo jugar bien sus cartas, acentuando el dramatismo de la partitura.
La Tosca de Anja Harteros es muy teatral y creíble y consigue llegar por su entrega escénica y su perfecta adecuación al carácter del rol; la alemana es una soprano lírica con un instrumento bellísimo y un sentido musical muy refinado que resultan más adecuados para roles menos dramáticos. El primer acto le va como anillo al dedo, pero a partir del segundo, cuando el rol evoluciona hacia una tesitura más dramática, Harteros tiende a forzar para oscurecer la voz y falsear cierto cuerpo que ella no posee. Su “Vissi d'arte” fue correcto, sin fisuras, pero sin más. Aunque se queda a medio camino para brillar con luz propia, en conjunto construye una Tosca creíble y deleitable.
A su lado, el tenor norteamericano Brian Jagde (Cavaradossi) realizó un debut en Zúrich algo irregular, con fraseos poco sutiles junto a agudos muy seguros y trompeteantes. Es un cantante solvente y dotado de cierta musicalidad, de quien se pudo disfrutar la célebre “E lucevan le stelle”, pero con ciertas carencias teatrales. Marco Vatrogna, a pesar de abusar de un canto declamado y de una proyección dudosa –¡qué lástima de primer acto!–, dibujó un Scarpia muy creíble en una escalofriante interpretación actoral de ese personaje aborrecible, resultado de la autocracia napoleónica y mezcla de despotismo y lascivia. Su vena dramática hizo olvidar sus defectos canoros.  * Albert GARRIGA