Teatro alla Scala
Verdi NABUCCO
Leo Nucci, Stefano La Colla, Mikhail Petrenko, Anna Pirozzi, Annalisa Stroppa, Giovanni Furlanetto, Oreste Cosimo, Ewa Tracz. Dirección: Nello Santi. Dirección de escena: Daniele Abbado. 16 de noviembre de 2017.
 
Leo Nucci y Anna Pirozzi fueron los dos grandes protagonistas de Nabucco en Milán © Teatro alla Scala / Brescia & Amisano
 
Volvió, tras cuatro años desde su estreno en La Scala, la producción de Nabucco ideada por Daniele Abbado, con escenografía y vestuario de Alison Chitty, vídeos de Luca Scarzella, iluminación de Alessandro Carletti y movimiento coreográfico de Simona Bucci. En su día no gustó esta visión desangelada en la que no hay distinción entre víctimas y perseguidores, supuestamente judías las primeras y no se sabe quién los segundos. Todo es gris y la evocación, más que en la dirección escénica, está en las proyecciones. Este montaje había pasado al olvido y con razón.
Leo Nucci fue una vez más Nabucco, un personaje, al par de su ya histórico Rigoletto, en cuyos pliegues dramáticos ha penetrado. No se sabe si admirar más al incombustible vocalista o al actor. Desde luego lo que él produce es emoción pura y el público lo confirmó reservándole un triunfo apoteósico. Grande y merecido éxito también para la soprano Anna Pirozzi, que domina el rol de Abigaille con poderío y arrogancia vocal, desplegando el agudo di forza brillante y tajante como un sablazo y al mismo tiempo dominando las dinámicas desde el forte al pianissimo, con un apoyo ideal y sin tener que rebajar el canto con falsetes. Únase la dicción perfecta y el fraseo con el justo acento de la auténtica heroína verdiana.
El bajo ruso Mikhail Petrenko aportó mucho volumen al Zaccaria, pero resultó tosco en la emisión con sonidos abiertos y de rudo fraseo, mientras que la Fenena de la mezzo Annalisa Stroppa fue perfecta tanto por la nobleza de la línea de canto como por la calidez del timbre. Muy bien el valiente tenor Stefano La Colla (Ismael) y acertados los comprimarios, desde el Gran Sacerdote de Baal del bajo Giovanni Furlanetto hasta la efectiva Ewa Tracz (Anna). Queda el valiente Abdallo del tenor Oreste Cosimo, del que es lícito esperar una brillante carrera. No se puede obviar la magnífica actuación del coro, una vez más instruido por Bruno Casoni.
Desde el podio, el veterano Nello Santi ofreció una auténtica lección magistral del arte italiano de la dirección de ópera, siempre al servicio del escenario, pero llevando la batuta con un pulso seguro y una vitalidad impresionantes considerando la venerable edad del mismo (86 años). El público se lo reconoció con efusivos aplausos, con los que también premió a Nucci y a los demás intérpretes. * Andrea MERLI