Donizetti L’ELISIR D’AMORE
Sara Blanch, Pablo García-López, Michael Borth, Pablo López. Dirección: Óliver Díaz. Dirección de escena: Joan Anton Rechi. Teatro Campoamor, 17 de noviembre de 2017.
 
Dos detalles de la producción de L’elisir d’amore ideada por Joan Anton Rechi © Ópera de Oviedo / Iván Martínez 

No es la primera vez que en Oviedo el protagonista de L’elisir d’amor de Donizetti se viste de camarero, un tanto torpe, ingenuo y encantador. El elixir causó su influjo en una nueva sesión de Viernes de Ópera con un reparto joven alternativo para cautivar a una diversidad de público de todas las edades. L’elisir d’amore es ideal para introducirse en la ópera con su música brillante, llena de vida y con melodías para el recuerdo. Y esto mientras la simplicidad del argumento, desde la comicidad, se vuelve hacia lo sentimental, con unos personajes muy humanos. Ahí radica el reto de este título: esa mezcla y gradación de ingredientes, con el perfume de la ópera cómica francesa. La receta sirvió a Donizetti para trascender modelos anteriores. Los sentimientos de los personajes pasan a primera línea en este melodramma giocoso de acción imparable, lleno de matices sentimentales, que se encubren con bromas y gracias.
La mezcla entre lo cómico y lo lírico fue plenamente lograda por la pareja protagonista, que el viernes presentó a Pablo García-López como Nemorino y a Sara Blanch, Premio ÓPERA ACTUAL 2016, como Adina. El tenor cordobés sustituyó a Marc Sala –con un proceso catarral– con gran resolución escénica, según las demandas de la producción, en especial en el primer acto. El dúo con Dulcamara de dicho acto y su siguiente encuentro con Adina fueron buenos ejemplos. García-López ya es valorado en Oviedo por anteriores apariciones, como en Don Giovanni; el tenor ofreció un Nemorino di grazia, con la fuerza necesaria para modelar el canto melódico, de carácter melodramático, que trazó Donizetti. Su voz clara y bien colocada llegó a la sala con naturalidad, mientras cuidaba las aristas de su personaje en la lucha por el amor de Adina, con momentos para recitados de altura y gestos de bravura –a subrayar, su “Adina credimi”–, además del aria “Una furtiva lagrima”, de expresión personal, premiada por el público.
Sara Blanch triunfó con sus medios vocales y emisión depurada, mientras la coqueta Adina jugaba con el amor, desde la línea adornada a la más lírica, en un fraseo perfectamente dibujado y de exquisitos perfiles. Sus dotes vocales, con flexibilidad y expresión, lograron altas cotas en momentos como “Chiedi all’aura lusinghiera” o en su defensa de Nemorino ante Belcore y, sobre todo, en su dúo con Dulcamara en el segundo acto. No se quedó atrás Pablo López como Dulcamara, cual barman que ofrece sus cócteles. El poder dramático del bajo-barítono fue imprescindible, con la potencia y agilidad de sus medios vocales, aunque a veces se le escuchó un tanto justo en el agudo, en el primer acto. Michael Borth también se sumó al reparto del viernes como Belcore, con una actuación in crescendo, un poco justo en su presentación, para imponerse en el segundo acto vocalmente, especialmente al final del primer cuadro, con su solidez y agilidad vocal. Con su presencia escénica, hay que destacar también el final del primer acto, cuando Belcore increpa a Nemorino, para encaminar el final de acto.  * Diana DÍAZ