Théâtre du Capitole
Puccini LA RONDINE
Ekaterina Bakanova, Dmytro Popov, Elena Galitskaya, Marius Brenciu, Gezim Myshketa, Benjamin Mayenobe, Vincent Ordonneau, Yuri Kissin, Norma Nahoun, Aurélie Ligerot, Romie Esteves. Dirección: Paolo Arrivabeni. Dirección de escena: Nicolas Joel, repuesta por Stephen Barlow. 17 de noviembre de 2017.
 
Detalle de la producción de La rondine de Nicolas Joel repuesta por Stephen Barlow © Théâtre du Capitole / Patrice Nin
 
Es difícil comprender el escaso éxito de La Rondine. De todas las óperas de Giacomo Puccini, que no son tantas, esta es el patito feo de la colección; y, sin duda por ello, fue también la más amada del compositor. Una razón de su escasa solicitación podría ser el desequilibrio entre la parte dramática –sin gentes malévolas, ni enfermos incurables, ni muertes violentas ni atroces– y su partitura típicamente pucciniana, con múltiples intervenciones orquestales a pleno rendimiento.
Se aplaudió con justicia la puesta en escena de Nicolas Joel. El coro aportó con su presencia, el movimiento y el ambiente indispensables en el segundo acto, y los cantantes se situaron todos a un muy buen nivel dramático. También la escenografía de Ezio Frigerio, mezclando el modern style con el art déco, como le autorizaba la época, situó perfectamente la acción. Las cuatro columnas en trencadís gaudiniano lucieron con luz propia en el acto que cerró plaza. Franca Squarciapino creó para la ocasión una colección de vestidos femeninos dignos de una pasarela de primera categoría.
Los protagonistas lograron convencer en el tercer acto, y en buen italiano, de la veracidad de sus amores. Era la cosa esencial que se les pedía. Ekaterina Bakanova (Magda) se mostró firme y solar en los agudos, ágil también, y por supuesto, potente. Algo le costaron las transiciones de intensidad, momentos en los que se reconocen a los puccinianos fuera de serie; su emisión, de timbre agradable y de amplio espectro, convino perfectamente al papel. Casi lo mismo se dirá de Dmytro Popov (Ruggero) solo que su frase fue algo más brusco por ser también más apasionado; el tenor, en todo caso, dio la impresión de estar más preocupado por su canto que por su personaje. La inspirada versión de Gezim Myshketa del potentado Rambaldo, el protector de Magda, impresionó muy favorablemente. Si el elevado número de merecedores cantantes en el escenario impide citarlos a todos, dense por lo menos los nombres de Elena Galitskaya (Lisette) y Marius Brenciu (Prunier), componentes de la pareja antagónica a la de los protagonistas.
Paolo Arrivabeni condujo con ciencia pucciniana y mano firme, olvidando de vez en cuando que el Capitole tolosano es muy sonoro y que la potencia de los cantantes tiene siempre un límite. El coro (Alfonso Caiani) se limitó a cumplir vocalmente, pues tuvo mucho trabajo dramático. Algunos de sus componentes ejecutaron papeles secundarios requeridos por la obra con dignidad y ganas de quedar bien.  * Jaume ESTAPÀ