Opéra de Monte-Carlo
Francesco Cilèa ADRIANA LECOUVREUR
Barbara Frittoli, Mariana Cornetti, Diletta Scandiuzzi, Loriana Castellano, Roberto Alagna, Alberto Mastromarino, Alessandro Spina, Luca Casalin, Enrico Casari, Antoine Garcin, Domenico Cappuccio.
Dirección: Maurizio Benini. Dirección de escena: Davide Livermore. 23 de noviembre de 2017. 
 
Pie de foto: Barbara Frittoli y Roberto Alagna protagonizaron Adriana Lecouvreur en Mónaco © Opéra de Monte-Carlo / Alain Hanel
 
A pesar de la laringitis aguda que sufría, Roberto Alagna decidió cantar y consiguió un aplauso atronador; el tenor francés defendió su personaje con el énfasis que se le reconoce, apoyó los agudos oportunamente, no cedió a facilidades ni a subterfugios ni sucumbió a concesiones para dar una interpretación, vocal y dramática, total y completa del desafortunado Maurizio. Barbara Frittoli interpretó a Adriana con lirismo y pasión a la hora de amar, con entereza frente a la adversidad, y vocalmente se salió muy bien de la esperada primera aria (“Io son l’umile ancella”) y del resto de su interpretación, a pesar de su tendencia a olvidar las consonantes en su canto.
Marianne Cornetti (Principessa de Bouillon) entusiasmó al público por la personalidad de su trabajo escénico y por la gran expresión dramática de su canto. También Alessandro Spina, su marido en el escenario, atrajo merecidos aplausos al final de la noche. Alberto Mastromarino (Michonnet) hizo gala de un instrumento vocal potente, de clara expresión y múltiples posibilidades. No tan seguro de sí mismo se mostró Luca Casalin, absurdamente ridiculizado por el director de escena. Completaron con brío el reparto Diletta Scandiuzzi (Mlle. Jouvenot) y Loriana Castellano (Mlle. Dangeville).
Maurizio Benini dirigió con autoridad, flexibilidad y gracia, como saben hacerlo mayormente los directores crecidos en la escuela italiana con la inconfundible música de su país. Se ocupó muy particularmente del tenor, por las razones invocadas, y dio buena cuenta del lirismo que exhalaron los momentos de lucimiento orquestal.
Davide Livermore y su equipo escenográfico, Gio Forma, utilizaron el espacio disponible de la mejor forma posible. La escenografía fue espectacular: en un solo momento dudó el público del sentido de lo que estaba viendo: al inicio del último acto apareció Adriana con una pierna artificial. Es de suponer que Livermore quiso con ello evocar el accidente sufrido por Sarah Bernard, que fue Adrianne Lecouvreur en su día, al final de la obra La Tosca de Victorien Sardou (1887). La mezcla violenta de personalidades, obras y situaciones causó desconcierto en el público, poco avezado a ejercicios de estilo propios de doctos universitarios. Para más inri, concluyó anunciando en película rancia a Sarah Bernard como intérprete de Adrienne, también en el cine, y mostrando en cambio unas bellas fotografías de Barbara Frittoli en el papel. Alusión quiero y no puedo, que hizo pensar en el exitoso final de Carmen imaginado por Nicola Berloffa en Rennes (ÓPERA ACTUAL 202) con Pola Negri (la verdadera) en el film de Ernst Lubitsch (1918).
La velada concluyó con vítores y aplausos, dirigidos en particular a Roberto Alagna por su capacidad de afrontar la adversidad con arte, coraje y profesionalidad.  * Jaume ESTAPÀ