Teatro Real
Donizetti LA FAVORITE
Jamie Barton, Javier Camarena, Simone Piazzola, Simón Orfila, Antonio Lozano, Marina Monzó, Alejandro del Cerro. Dirección: Daniel Oren. V. de concierto, 2 de noviembre de 2017.
 
El Real celebró los 20 años de su reapertura con una Favorite en versión de concierto © Teatro Real / Javier del Real 
La favorita, en versión italiana, inauguró el Teatro Real el 19 de noviembre de 1850. La reina Isabel II, promotora principal del por entonces nuevo coliseo, lo imaginó como una celebración del bel canto que tanto le gustaba. La obra de Donizetti se repuso en noviembre para conmemorar el 20º aniversario de la reapertura del Real como teatro de ópera, el 11 de octubre de 1997, aunque en versión de concierto y en francés. Lo primero resulta un poco difícil de entender, siendo así que La favorita, con casi 300 representaciones en el Real, figura entre las obras frecuentadas. Lo segundo, que seguramente habría sorprendido a la reina melómana, devuelve a la obra su categoría de grand-opéra, al estilo donizettiano, claro, es decir sobria, casi austera, de una sencillez y una elegancia características, muy lejos de la pompa y las pretensiones propias del género parisino y de muchas de las carísimas puestas en escena de hoy en día (excelente el texto de Ricardo de Cala para el programa de mano). Reducida al canto y a la orquesta, queda lo esencial, además de una pequeña venganza de uno de los puntales del género.
La velada tuvo dos grandes protagonistas. La primera, la mezzo norteamericana Jamie Barton, que debutaba en el Real y prestó a la desgraciada protagonista su voz flexible, de gran registro, brillante y esmaltada por arriba y aterciopelada en el registro grave. Una cierta falta de expresividad quedó compensada –y con creces– con una línea de canto impecable y una técnica infalible que le permitió llegar a la estratosfera vocal en la cabaletta de “Oh, mon Fernand”. Se recordará su Léonor durante muchos años. Javier Camarena debutaba el tremendo papel de Fernand y lo hizo con soltura y, también, con una técnica de primerísima categoría. Como en los buenos tiempos, no ahorró los adornos ni los sobreagudos, que emite con una facilidad extraordinaria. Precioso su “Ange si pur”, aunque a su voz le falta un poco de cuerpo para el papel, pero ante tal derroche de precisión y de inteligencia canora, queda poco que reprochar.
Simone Piazzola cumplió en el papel de Alfonso XI: el barítono italiano mantiene un instrumento de gran nobleza y expresividad, con un hermoso legato, y se lució en su primera intervención. Luego se quedó un poco corto y sin la autoridad ni la ironía, tan cruel, que caracterizan al personaje. Simón Orfila cantó un magnífico Balthasar, imponente y complejo, como se debe, y la guapísima Marina Monzó, que puede llegar a donde se lo proponga, compuso una estupenda Inés, con una muy fina y muy hermosa “Rayons dorés”. Muy bien Antonio Lozano y Alejandro del Cerro.
Daniel Oren estuvo a cargo de la dirección y, como siempre, su desempeño resultó un espectáculo en sí mismo con sus saltos y sus gesticulaciones. Eso sí, el acompañamiento fue impecable y con la experiencia de un gran maestro, sacó a la orquestación de Donizetti, tan sutil y tan expresiva, todo su esplendor. La Orquesta Titular respondió con gran profesionalidad y toda la sutileza que requiere una partitura exigente en timbre y dinámicas (se incluyó el ballet, lo que se agradece.) El Coro estuvo magnífico, en particular en el difícil cuarto acto. El Teatro Real volvió a vivir su esplendor primero, aunque en versión de concierto.  * José María MARCO