Teatro Real
Bizet CARMEN
Gaëlle Arquez, Leonardo Caimi, Eleonora Buratto, Kyle Ketelsen, Jean Teitgen, Olivia Doray, Lidia Vinyes Curtis, Isaac Galán, Borja Quiza, Mikeldi Atxalandabaso. Dirección: Marc Piollet. Dirección de escena: Calixto Bieito. 30 de octubre de 2017.
 
Gaëlle Arquez, caracterizada como Carmen en Madrid © Teatro Real / Javier del Real
 
El tercer reparto de la Carmen de Bieito en el Real incorporó a dos novedades importantes. La protagonista la encarnó la mezzo francesa Gaëlle Arquez, excelente actriz y con una presencia escénica digna del personaje, elegante y sobria. Su voz es muy hermosa, rotunda, llena, bien colocada, con volumen y capaz de matices muy finos. A veces resultó más estilista que sensual, aunque esto, en realidad, se agradece al situar al personaje –y lo que significa– un peldaño por encima de la tendencia a la obviedad que caracteriza, por lo menos en parte, esta puesta en escena. Arquez empezó muy bien, con una Habanera incisiva, difícil de resistir, y fue creciendo en intensidad a medida que transcurría la representación hasta un muy hermoso trío de las cartas y una escena de la muerte sobrecogedora.
Le dio la réplica, como Don José, el tenor italiano Leonardo Caimi. No es, al menos por el momento, una voz de primerísima categoría: presenta vacilaciones, cambios de color y algunas destemplanzas. Aun así, resolvió aceptablemente momentos difíciles, como el aria de la flor y sobre todo posee lo que tiene que tener Don José: pasión, dramatismo y urgencia vital. Así fue como se lograron momentos de gran intensidad entre él y la Carmen de Gaëlle Arquez, que es exactamente lo que tiene que ocurrir en esta obra. Sin eso, todo lo demás sobra.
Eleonora Buratto volvió a dar a su papel la ternura que le es propia, a pesar de las niñerías que le pide a veces (esos selfies…) la puesta en escena. Kyle Ketelsen, a pesar de alguna carencia, defendió el papel de matador contra los tópicos que le caen encima.
La dirección de Calixto Bieito es eficaz, aunque discutible. Más discutible es, sin embargo, que todo el interés del teatro parezca acapararlo la puesta en escena en lugar de la ópera que se representa. Daba la impresión de que la música de Bizet y la creación de Mérimée son un pretexto para el trabajo del regista. Durante muchos años la ópera prescindió de la puesta en escena. Ahora esta lo acapara todo. A lo mejor un día de estos alguien logra un término medio… * José María MARCO