Teatre Nacional de Catalunya
Miquel Ortega APRÈS MOI, LE DÉLUGE
Antoni Comas, Marisa Martins. Dirección: Miquel Ortega. Dirección de escena: Jordi Prat i Coll.
27 de octubre de 2017.
 
Antoni Comas y Marisa Martins, en el estreno de Après moi, le deluge © Teatre Nacional de Catalunya / May Zircus 
El compositor Miquel Ortega sorprendió al espectador con una moderna y muy interesante ópera contemporánea presentada por él mismo desde el piano. Se trata de una adaptación de la reconocida obra teatral de Lluïsa Cunillé (Badalona, 1961) Après moi, le deluge (Después de mí, el diluvio), en la que dos personajes en escena, en una habitación de un hotel de la capital congoleña, Kinshasa, muestran al espectador los intereses y vivencias de la pareja protagonista y de otros dos personajes que se citan pero que no aparecen en escena. Una obra teatral de fácil digestión a pesar de la crudeza de las vivencias de los personajes en un mundo al límite en el corazón de África que sorprende por los inteligentes giros y la complejidad de la trama.
Ortega realiza un gran trabajo de adaptación operística contando con dos solventes artistas vocales como son el tenor Antoni Comas, que interpreta a un negociante de un mineral tan raro y caro como el coltán, y la mezzo Marisa Martins, aquí una traductora atrapada en un país al que todos vienen a aprovecharse de sus gentes y recursos naturales. Es ella, mediante la palabra y su traducción, quien da vida al tercer personaje de la trama (un lugareño que acude al hotel a entrevistarse con el protagonista y que necesita de la ayuda de una intérprete) quien, a su vez, cita al cuarto personaje (su hijo).
El quinteto musical consigue ser un soporte ideal para esta obra de unos recursos sonoros próximos al jazz pero con resultados bastante operísticos, con el propio Ortega al piano, Miquel Vich en la percusión, Daniel Claret al violonchelo, Robindro Nikolic al clarinete y Patricio Soler con la trompeta. La plantilla instrumental se adapta perfectamente a una obra que poco a poco toma un ritmo dialéctico muy vivaz y que casi no tiene descanso hasta su final, una hora y cuarto más tarde. Esa vivacidad del lenguaje conlleva que la parte vocal coja un ritmo un tanto estresante que solo deja algún espacio más melódico y reflexivo en los recuerdos de los protagonistas, en especial en las dos destacadas arias de ambos protagonistas.
Antoni Comas es un negociante muy bien servido a nivel actoral, muy creíble y con un estado vocal envidiable, con esa voz homogénea y algo metálica capaz de ofrecer todas las notas con gran suficiencia; y muy especialmente las notas más agudas dentro de una línea canora de gran calidad musical y melódica. Por su parte, Marisa Martins creó un personaje elegante y bastante misterioso, con una gran prestancia física y unos medios vocales no siempre redondos, pero sí muy eficaces.
La escenografía representaba una habitación de un hotel aderezada por unas sugerentes proyecciones abstractas como trasfondo escénico y un interesante vestuario. Lástima que la dimensión de la sala polivalente del TNC obligase a amplificar voces y música, en una obra que, como las demás del compositor barcelonés, deberían programarse con normalidad en los teatros, auditorios y festivales líricos españoles.  * Fernando SANS RIVIÈRE