Teatro dell’Opera
Auber FRA DIAVOLO
John Osborn, Sonia Ganassi, Anna Maria Sarra, Roberto De Candia, Giogio Miseri, Alessio Verna, Jean-Luc Ballestra, Nicola Pamio. Dirección: Rory McDonald. Dirección de escena: Giorgio Barberio Corsetti. 8 de octubre de 2017.
 
Dos detalles de la puesta en escena de Giorgio Barberio Corsetti para Fra Diavolo © Opera di Roma / Yasuko Kageyama 
 
Fra Diavolo tuvo su estreno en la Opéra-Comique de París en 1830, pero en esta versión se recuperaba también la música escrita por Auber para la edición italiana de Florencia de 1866, consistente en algunas arias y recitativos, ahora traducidos a la misma lengua francesa en que se cantó el resto de la ópera. No fue una buena decisión, porque los recitativos cantados en lugar del diálogo hablado retardan el ritmo teatral e impiden  a las arias y a los pasajes concertados entrar con el vigor con que lo hacen en la versión original.
 
El nivel de la ejecución fue muy bueno. El papel de Fra Diavolo conviene perfectamente a las características vocales de John Osborn, impecable como siempre y esta vez incluso brioso y divertido. Bien también aunque no siempre impecables Roberto De Candia (Lord Cockburn) y Sonia Ganassi (Lady Pamela); en el caso del primero fue quizá la escasa familiaridad con la lengua francesa la causante de que se mostrara menos cómodo que en otras ocasiones, mientras que en la segunda el hecho de haber pasado ya hace tiempo a otro repertorio más dramático puede haberle restado facilidad en esta parte cómica. Las otras cualidades de estas dos artistas, por lo demás, hicieron olvidar este pequeñísimo defecto. Muy positivas las prestaciones de dos jóvenes ya a las puertas de una carrera brillantísima y que interpretaban a la pareja de jóvenes enamorados: Anna Maria Sarra (Zerlina), actriz de gran vivacidad escénica y de hermosa presencia –cosa que nunca está de más– con una voz ágil y agradable, no muy extensa pero utilizada con técnica e inteligencia, y Giorgio Miseri (Lorenzo), un tenor ligero de timbre luminoso y homogéneo que puede ascender con facilidad al registro agudo. Correctos en los papeles de menor compromiso Jean-Luc Ballestra (Giacomo), Nicola Pamio (Beppo) y sobre todo Alessio Verna (Matteo).
La dirección del escocés Rory MacDonald fue elegante aunque no brillante y en algún momento incluso monótona. La fantasiosa y delicada puesta en escena iba firmada por Giorgio Barberio Corsetti, autor también de la escenografía en colaboración con Massimo Troncanetti. La parte más creativa estuvo en la función de los vídeos, que modificaban la escena durante la acción, creando las diversas situaciones exigidas por la música, irreales y llenas de fantasía, como en una película de dibujos animados para la infancia. El regista subrayó también con ironía las alusiones eróticas del segundo acto, que transcurre íntegramente en una alcoba, donde al principio Milady trata en vano de provocar el interés de su marido, después Zerlina se dispone a acostarse mientras tres hombres la espían por el ojo de la cerradura y entre tanto se alternan las plegarias a la Virgen y los recuerdos nada castos del novio. Una situación impensable en la época en Italia, aunque no en París.  * Mauro MARIANI