Komische Oper
Debussy PELLÉAS ET MÉLISANDE
Dominik Köninger, Nadja Mchantaf, Günter Papendell, Jens Larsen, Nadine Weissmann. Dirección: Jordan de Souza. Dirección de escena: Barrie Kosky. 15 de octubre de 2017.
 
Intérpretes de Pelléas et Mélisande en Berlín © Komische Oper / Monika Rittershaus 

Con esta obra maestra del siglo XX arrancó en la Komische Oper de Berlín la temporada 2017-18 y los festejos por el 70º aniversario del coliseo, una celebración que se prolongará durante todo el año en paralelo a los 275 años de vida de la Staatsoper, que, como se ha informado, ahora recupera su vecindad en la avenida Unter den Linden tras siete años de obras de remodelación. Que el teatro de Barrie Kosky eligiera para este doble arranque Pelléas et Mélisande es un misterio y una primicia, pues esta ópera no forma parte de la tradición de la casa. Entra por vez primera en una programación que, aun mezclando sin complejos El castillo de Barbazul de Béla Bartók con el musical Anatevka de Jerry Boks, busca la risa y la mueca. 
El triángulo amoroso que articula Pelléas et Mélisande, ópera en cinco actos basada en una pieza teatral de Maurice Maeterlinck, no tiene nada de cómico. Tampoco el positivista Kosky atenúa el drama en su puesta en escena, aunque sí pone un cordón sanitario entre el público y la escena, reducida a un teatrillo de muñecas. Vista desde el patio de butacas, es una ventana de unos diez metros de ancho en la torre de un castillo. Los personajes son títeres humanos atrapados en una construcción propia del barroco, en un espacio minimalista y arcaico de color gris azulado con bosques imaginarios y fuentes de ciegos. Kosky, avispero de ideas, se distancia pero traiciona la estructura dramática de la obra. Escenifica simbolismo con simbolismo, en cuadros cortos y fluidos. Contiene su humor irrefrenable, su tendencia al sarcasmo y a la ironía respetando la esencia de una obra, que, sin embargo, pareció quedarle grande a la  orquesta y a los jóvenes solistas de la Komische Oper.
El ensamble –todos los cantantes formaban parte del mismo– tiene poca experiencia con Debussy  y lo mismo puede decirse de Jordan de Souza, nuevo maestro repetidor del coliseo. Pese a la precisión de su batuta, no logró crear la intimidad que requiere la leyenda, no delineó luces y sombras. Pero causó muy buena impresión en la que fue su presentación al definido público de la Komische Oper.
De entre los solistas, destacó la soprano Nadja Mchantaf en el papel de Mélisande, la única figura que parecía distinguir entre sueño y realidad. Su canto fue expresivo, equilibrado y cálido, mientras que el tenor Dominik Köninger (Pelléas) dio la impresión de que actuaba y cantaba bajo presión,  temeroso, con un exceso de sensibilidad.  Su contrapunto fue el bajo Günter Papendell, aunque abusó de su experiencia como Don Giovanni y pecó de viril. Al final, también aquí la muerte acaba imponiéndose a lo artificial.  * Cocó RODEMANN